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Phil Schiller

Las Keynotes han sido desde el nacimiento de Apple uno de los pilares y señas de identidad de la compañía. Apple no seria lo mismo sin presentaciones de productos tan memorables como las del iPhone o el Macintosh original.

Y es que ya en el año 1984 Steve Jobs sabia la importancia de dicho acontecimiento y por eso cuido hasta el más mínimo detalle de dicha presentación, si has leído su biografía seguro que recuerdas como tardaron unos cuantos días en dar con la iluminación correcta que Steve quería tener en el escenario a la hora de mostrar el Macintosh al publico. ¿Tonterías? No, es la forma que tiene Apple de decirle al mundo que son mejores que el resto.

Apple es la reina de las Keynotes, pero aún quedan cosas por aprender

Apple es a Steve Jobs, lo que Keynote es a Apple. Como dicen en inglés, existen un bond o conexión tan alta entre esos tres argumentos que la compañía en si misma no tiene sentido alguno sin la perfecta combinación de todos ellos.

Lógicamente el año pasado, y de forma bastante triste, Steve dejó este mundo y con dicha perdida muchos se preguntaron si Apple seria la misma, si igualaría dicha expectacularidad escénica, si podría volver a dejarnos con la boca abierta sobre un escenario sin necesidad de presentar nada revolucionario gracias a esa magia que su CEO tenía sobre el escenario.

Y lo siento para los negativos, pero sí, Apple nos demostró esta semana que la compañía es mucho más que una simple (aunque muy importante) persona. Con el paso del tiempo me he vuelto bastante negativo y crítico con la compañía, supongo que es lo que tiene hacerse mayor, lo que antes era un: “es Apple, no pasa nada”, ahora es un “esto no tiene ningún sentido”.

Pero mucho peor había sido mi percepción de la compañía respecto a sus Keynotes, y es que desde la perdida de Steve Jobs hemos tenido cuatro Keynotes presentadas por Tim Cook y su equipo, y sinceramente cada una ha ido peor que la anterior. No hablo del campo de distorsión ni mucho menos, es que simplemente han sido presentaciones aburridas que han intentado sorprender únicamente a base de argumentos basados en mirarse el ombligo y decir que son los mejores.

Tim Cook es un terrible comunicador, creo que nadie puede decir lo contrario. Es una de esas personas que aburren cuando las escuchas por muchos “awasome“, “incredible“, “whole new level“ y otras muchas coletillas que repite de forma insaciable para intentar atraer la atención. Habla excesivamente lento, su tono es aburrido… Por suerte parece que se han dado cuenta de ello y su tiempo en pantalla es cada vez más reducido, tanto que en la presentación del iPhone 5 estuvo en ella menos de 10 minutos.

Pero algo todavía peor que su comunicador es la extraña presión que se sentía hasta ahora en cada presentación. Una especie de miedo escénico al que pensarían si Steve estuviese en el escenario, una especie de miedo a que los medios aprobaran sus productos sin necesidad de que Steve estuviese allí, en general se notaba una tensión enorme en cada presentación. Todo esto unido a un sosainas como Tim había convertido las presentación en meras lecturas de notas de prensa.

Pero desconozco si ha sido debido a los más que buenos productos presentados este Martes o simplemente al cambio de actitud, pero he sentido un borrón y cuenta nueva en esta keynote. La compañía ha movido ficha, ha pasado página y sigue su camino.

Phil no sólo se divertía en el escenario, volvieron sus chascarrillos más divertidos como la mención a un equipo “mini” cuando hablaba del Mac Mini, también se mostraba orgulloso de las últimas creaciones de la compañía y eso traspaso completamente la pantalla de mi ordenador.

Por primera vez en bastante tiempo me apetecía aplaudir y gritar aún más “uuuuuu” que los que se escuchan en la presentación. Quería levantarme de la silla y decir, así sí Apple, así sí.

Y no es que Apple haya presentado nada sobrecogedor, de nuevo refritos con algo nuevo tal y como hacia Steve en su momento, pero los modos y sobre todo la actitud de sus presentadores fue radicalmente diferente.

Steve Jobs ya no está entre nosotros, pero su ADN y su forma de ver las cosas es la actitud de Apple ante el mundo. El cuidado al más mínimo detalle, tipografías, diseños, iluminación, presentaciones, productos… Todo eso y más es Apple, una viva imagen de lo que Steve pensaba que era una empresa tecnológica. Tal y como el mismo dijo durante una Keynote:

Está en el ADN de Apple, que la tecnología por si sóla no es suficiente. Que la tecnología esta completamente ligada al arte y las humanidades. Y es el resultado de dicha combinación es la que hace que nuestros corazones vibren.

Y es que tampoco podemos olvidar el año casi de “ensueño” que lleva la compañía (si lo comparamos con el año pasado) ya que a lo largo de este año se han actualizado todos los productos de hardware de la compañía a excepción de Mac Pro, has oído bien todos. iPad, iPhone, iPod, MacBook Air, MacBook Pro, iMac, Mac Mini, OS X, iOS…

Lógicamente ahora falta el software, tal y como apuntaba Miguel hace unos días. Pero en cualquier caso la compañía ha movido ficha y ha puesto toda la carne en el asador.

Apple ha movido ficha, Steve Jobs únicamente representa ahora parte de la historia de la compañía, no su futuro. Un futuro que se presenta más interesante que nunca, Apple tiene una idea clara de que quiere y que no te quepa la menor duda: si hace falta reinventarse lo volverán a hacer una tercera vez para conseguirlo.

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