Applesfera en la tienda de la 5a avenida

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Applesfera en 5a avenida

En Applesfera hemos dado bastante información sobre la tienda de la quinta avenida de Nueva York. Bueno, pues todo lo dicho se queda corto. Un servidor ha estado allí aprovechando las vacaciones de Semana Santa y tengo que reconocer que me ha impactado. Antes de nada, decir que no es la primera Apple Store que ven mis ojos. Ya conocía el Apple Store del Soho en la gran manzana, así como la tienda de la Magnificent Mile de Chicago. Y tengo que decir que, sin lugar a dudas, esta es muchísimo más espectacular. Y además la experiencia de compra es mucho mejor que las otras.


cubo desde fuera

Subiendo por la quinta avenida, nos encontramos con el ya famoso cubo de cristal, del que pende el logotipo de la manzana. Afuera hay guardias de seguridad en todo momento, me imagino que para evitar vandalismos, graffitis y demás. Nada más traspasar la puerta de entrada nos encontramos con el ascensor, cilíndrico y de cristal, que parece una nave espacial más que otra cosa. Alrededor del mismo nos encontramos con las escaleras con peldaños de cristal que también existen en las otras tiendas. Para darle más emoción, bajamos en ascensor. Durante el descenso nos damos cuenta de las dimensiones de la tienda. No sé por qué, pero me imaginaba que iba a ser más pequeña. La tienda es grande, muy grande. Además, el hecho de que el ascensor nos deje en el centro de la tienda hace que no sepamos hacia donde ir. La cabeza me gira cual niña del exorcista, así que para evitar un posible síndrome de Stendhal avanzo hacia una de las mesas. En ellas encontramos los productos organizados por tipos. Eso sí, todos los ordenadores tienen conectado un iPod. No son listos ni nada estos de Apple. Comienza la diversión. Vamos a poder tocar y manejar los productos de Apple sin ningún problema, lo cual hace que la experiencia de compra sea radicalmente distinta a otros lugares.

Descendiendo en el ascensor

En uno de los laterales largos de la tienda nos encontramos con la novedad de Apple, el AppleTV. Juego un rato con él y la verdad es que me quedo bastante impresionado. La calidad de imagen es muy buena, el manejo recuerda muchísimo a FrontRow. En las mesas cercanas están los portátiles, compruebo mi correo y les pongo los dientes largos a mis compañeros de Applesfera enviándoles un mail desde allí. A mi izquierda se encuentra un panel con accesorios para iPod, cascos, etcétera y, un poco más allá, se encuentran las cajas. Sorprendentemente, éstas están casi vacías. Y digo sorprendentemente, porque a las cinco y media de la tarde la tienda está abarrotada de gente. El tema está en que, si pagas con tarjeta de crédito, no hace falta pasar por caja. Cada mesa tiene siempre cerca un vendedor y este lleva un dispositivo de venta inalámbrico consigo. Algunos llevan incluso unas cuantas bolsas de plástico colgadas a la cintura. La compra no puede ser más sencilla. Le pido un iPod nano para un familiar, y el vendedor me pregunta si quiero pagar con tarjeta de crédito y recibir la factura por email. Le respondo afirmativamente, y me dice que necesitaré una tarjeta de identificación con foto y la tarjeta de crédito. Tras comprobar la identidad y “afilar” la tarjeta de crédito por el terminal, me pide mi dirección de correo electrónico. Esta queda registrada, por lo que en la siguiente compra ya no me la pidieron. El vendedor mete el iPod en una bolsa y me dice que ya está. Prueba superada.

Dentro del apple store de la 5a avenida

Me acerco al otro extremo de la tienda a comprar un TuneFlex Aux de Griffin, un accesorio de conexión al coche para el iPod nano de un amigo. Al lado hay una mujer hablando en castellano con un vendedor sobre algunos problemas que tiene con su iPod e iTunes en Windows. No es la única española que me encuentro. Ese Apple Store está haciendo el agosto (en abril) con los españoles que estamos disfrutando de la Semana Santa en NY. Veo a muchos de ellos comprando sobre todo iPods. Cojo el accesorio de mi amigo y lo pago. La compra es igual de fácil que antes. Uy uy uy, esto empieza a ser peligroso. Me entran ganas de comprarme la tienda entera, pero consigo refrenar los instintos (nada básicos) y sigo tocando y palpando los productos.

Un poco más allá se encuentra el Genius Bar, con poca gente, pero claro, es que para ir al Genius Bar hay que pedir cita. Saliendo del mismo me encuentro la zona infantil. Una mesa más bajita con unos cuantos iMacs y con asientos corriendo algunos juegos, para que los más pequeños puedan jugar y divertirse también, todo un detalle por parte de Apple. A la derecha se encuentra la zona de software de terceros, con bastantes juegos y programas. Doy un par de vueltas más y, pese a querer quedarme allí por tiempo indefinido, decido salir de la tienda por el ascensor, por el bien de mi bolsillo. Lo malo es que en las otras visitas, con la excusa de comprobar mi email, seguí afilando la VISA. En fin, una experiencia inolvidable en todos los aspectos (sobre todo cuando me llegue el cargo de la tarjeta de crédito).

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