
Si os gusta el mundo de la tecnología seguro que estáis al día de la mayor parte de presentaciones que se realizan en cuanto a móviles. Es normal ver cada poco tiempo un nuevo “iPhone-killer“, un teléfono muy superior al de Apple y que supuestamente va a fulminar el mercado.
De hecho, lo normal es que todas las compañías tengan su equipo “estrella” para competir con el iPhone de tú a tú, sin embargo si yo fuese uno de los responsables de Apple estaría preocupado de otro equipo y no precisamente de la competencia.
Hablo del iPhone 3GS, un equipo tan similar en muchos aspectos al iPhone 4 que realmente cuesta decidirse entre un bonito iPhone con un desorbitado precio o un equipo similar pero con un precio mucho más interesante.
Hasta ahora, en todos los saltos generacionales que ha tenido el iPhone hasta la fecha, se ha incluido alguna característica diferenciadora y que marcaba claramente la diferencia entre ambos equipos.
Pero espera, seguro que piensas que me estoy olvidando de un montón de características nuevas como Retina Display o la espectacular cámara de fotos, pues lo cierto es que ambos elementos no son para nada diferenciadores.
Estoy seguro que muchas de las personas que están leyendo esto están pensando que es una tontería y que esas tres características son más que suficientes para cambiar de terminal, pero seamos sinceros nosotros no somos la media, nos encanta Apple y muchas veces cambiamos de equipo únicamente por capricho, como ha hecho mucha gente con el iPhone 4.
El problema es que esto no refleja, ni mucho menos, el grueso de la población. Hace sólo unos días acompañe a una persona a un distribuidor para hacerse con un terminal, mi sorpresa vino cuando me comentó que quería un iPhone 3GS. Sinceramente, no entendía muy bien la razón de ello, pero lo cierto es que para esta persona las diferencias no eran tan grandes entre ambos terminales.
De hecho me comentaba que le parecía un equipo mucho más delicado, opinión bastante generalizada, y que además se ahorraba cerca de 200 euros, una diferencia más que considerable y para nada representativa del valor real del equipo según él “debido a la demanda que tiene el equipo y que Apple sabe que su público únicamente quiere lo último aunque sea idéntico por dentro”.
Y lo cierto es que no le quito nada de razón, realmente si tienes un iPhone 3GS cambiar al iPhone 4 es un capricho más que otra cosa. Las diferencias son sutiles y únicamente el cambio de diseño es una razón de peso para realizar el cambio.