
Cuando Steve Jobs presentó el nuevo iPhone 4 en la presentación de la WWDC hace unos meses, enseñó al público algo que llevábamos esperando desde el primer iPhone: FaceTime, un sistema de videollamadas integrado en el teléfono. Y no porque fuera algo que todos usemos a diario, sino porque teníamos curiosidad por ver que podía aportar la compañía en algo a lo que se le ha prestado originalmente tan poca atención.
Para empezar, no podemos entender FaceTime como un sistema de videollamadas convencional, tal y como lo utilizan otras marcas, utilizando por ejemplo la red 3G para la transmisión de datos. Apple parece haber iniciado todo el proceso de la introducción de las videollamadas en su móvil por un camino totalmente distinto: La red Wi-Fi.
Hay que tener en cuenta uno de los hechos que más condiciona las características que se implementan en los iPhones, desde el primer modelo lanzado en el 2007 hasta este nuevo iPhone 4: Son productos diseñados, en principio, para el mercado estadounidense. Es por ello que características como los MMS, muy poco extendido en aquel territorio, no fuese incluido en versiones anteriores del sistema operativo, a favor del email, por ejemplo.
Con la videollamada, estoy convencido que los diseñadores se enfrentaron a un reto: Y era conseguir un flujo de datos estable en una red de telefonía muy densamente poblada y con problemas de fuerza de señal como la estadounidense. Pensando que éste problema causa cortes en las llamadas de forma habitual en las redes de AT&T, es lógico pensar que la compañía quisiera hacer las cosas con calma y prefiriese apostar seguro por las redes Wi-Fi.




