Casi todo lo que he comprado de Apple sigue funcionando, y eso me ha ayudado a tomar una decisión importante
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Casi todo lo que he comprado de Apple sigue funcionando, y eso me ha ayudado a tomar una decisión importante

¿Hay alguno de tus dispositivos de Apple que haya muerto realmente?”, me preguntó mi cuñado hace unos días mientras comíamos en mi retiro vacacional. La respuesta obvia que pasó rápidamente por mi cabeza es que sí, pero parándome a pensar me di cuenta de que esa respuesta es apenas correcta. Eso dice muchas cosas buenas de Apple, pero también me da cierta lección acerca de cómo debería decidir renovar esos dispositivos.

Mis dispositivos no han muerto, sólo los he jubilado

Lo cierto es que casi todos los dispositivos de Apple que he comprado (el primero fue en 2005) siguen activos de un modo u otro. Y teniendo en cuenta que han pasado 17 años desde que empecé a abrazar Apple, eso es todo un hito. Hagamos un repaso.

  • Mi primer dispositivo de Apple fue un iPod 5G (Video). Aún lo guardo, aunque desgraciadamente no funciona ya que literalmente le pasó un todoterreno por encima en 2008. No pude revivirlo.
  • Mi primer Mac, un iMac de 20 pulgadas Core 2 Duo (un blanquito) sigue activo en el despacho de César, la persona que me evangelizó hacia la plataforma. Lo utiliza como máquina muy básica y para utilizar aplicaciones que han quedado obsoletas en los Mac más recientes. Ese mismo César también utiliza unos Beats Studio que compré y que no quise usar más ya que me provocaban cierto dolor de cabeza si los llevaba puestos más de una hora.
Ahora mismo uso un iPad Pro como portátil, pero todos mis MacBook siguen o en uso o guardados para casos de emergencia
  • Mi primer MacBook fue otro blanquito, comprado de tercera mano a un amigo. No se usa con frecuencia, pero lo heredó mi hermana y sigue guardado en un estante etiquetado como el “por si acaso”. Hasta donde yo sé, funciona.
  • De ahí salté a un MacBook Air de 11 pulgadas que, si no me equivoco, sigue guardado en casa de mi hermana ya que ese mismo cuñado que ha inspirado este artículo lo heredó. Y de nuevo, debería poder seguir funcionando. Como mucho la batería habrá fallado ya por desuso y antigüedad.
  • El iPad de tercera generación que compré como mi primera tableta sigue aguantando como dispositivo de juegos para mi sobrina más joven.
  • El MacBook Pro de 15 pulgadas que usé en una época en la que abracé el portátil-conectado-a-monitor como modo de trabajo está muy maltrecho, pero mi sobrina recurre a él para algunas cosas.
  • El Mac principal de mi cuñado es el MacBook Pro de 13 pulgadas Core i5 que compré en 2015.
  • El único Mac que puedo considerar clínicamente muerto es mi iMac de 27 pulgadas Core i7 que compré en 2013, pero cuidado: el diseñador Miguel Morales recicló su pantalla para poder resucitar su propio modelo. Así que al menos parte de él sigue vivo:
  • Compré el primer iPad Pro de 12 pulgadas y lo ha heredado mi sobrina, que lo usa como máquina de ocio y estudio.
  • Antes de tener mi iPhone 13 Pro Max usaba un iPhone XS que es ahora el teléfono de mi cuñado.
  • Mi antiguo iPhone 6 Plus es mi teléfono de emergencia, que guardo en caso de que me roben el que llevo ahora. Funciona perfectamente.

Es probable que si intento encender uno de los ordenadores que llevan apagados varios años me encuentre con que están muertos, pero aún así tengo que decir que la gran mayoría de gadgets Apple que he comprado están teniendo una segunda vida. Una jubilación al caso. La pregunta obvia que me hago es: ¿De verdad necesitaba cambiarlos con tanta urgencia si aguantan tantos años más? ¿Quizás he sido demasiado impulsivo?

Puede que sí, y hay señales que lo apoyan. Antes consideraba que un Mac estaba bien exprimido si me duraba tres años. O dos años si hablamos de los iPhone. El iPhone XS me duró tres años, y el iMac de 27 pulgadas me duró ocho. Mi Mac actual, el Mac mini M1, va a estar en mi mesa de trabajo tantos años como pueda. Mi iPhone 13 Pro Max debería poder estar unos cuatro años en mi bolsillo, y sería bonito que durase cinco. Ah, y en mi muñeca llevo un Apple Watch Series 4 que ya se acerca a los 4 años. Y no pienso renovarlo hasta que sea una necesidad y no un capricho.

Puede que esto esté pasando porque hemos llegado a un punto donde la evolución de los dispositivos no traen grandes cambios, pero el factor de ahorro y el medioambiental también están ahí. Cada vez veo más claro que hay que aprovechar nuestros dispositivos hasta que realmente haya que jubilarlos, ya sea por que mueran más allá de cualquier reparación posible o porque haya una necesidad profesional que me lleve al cambio. Ya no se tratará de que me apetezca un cambio: se tratará de necesidad.

La mala noticia se la llevan mis familiares, que ya no heredarán mis dispositivos de Apple con tanta frecuencia.

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