Muchos dejamos el cargador del Mac o del iPhone enchufado por pura pereza. Hay dos buenas razones para dejar de hacerlo

Qué pasa con la factura y la seguridad de casa al dejar el cargador del iPhone puesto por no quitarlo y volverlo a poner

Cargador Peligro
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Guille Lomener

Editor

El cargador del iPhone se queda en el enchufe. El del Mac también. No los quitamos porque total, mañana los vamos a necesitar otra vez. Es cómodo, ocupa el mismo sitio siempre y ahí se queda, día tras día. El problema es que ese hábito tan extendido tiene dos motivos para dejarlo. Uno afecta a la seguridad de casa y el otro a la factura de la luz, aunque sea de una forma que apenas se nota.

El riesgo que solo se nota cuando hay tormenta

El primer motivo aparece durante una tormenta. Thomas Raphael, experto en protección contra rayos de la asociación alemana de electrotecnia VDE, explicaba recientemente al medio alemán Gamestar que la recomendación más segura es desenchufar todo cuando hay tormenta cerca, incluidos los cargadores que no estemos usando en ese momento.

La razón está en la sobretensión que puede generar un rayo al caer cerca de casa. Existen sistemas de protección para evitar que esa sobretensión dañe los aparatos conectados, pero Raphael advierte de que no conviene dar por hecho que la vivienda cuenta con esa protección instalada, ya que la normativa solo la exige de forma muy limitada en la construcción. Y no se trata solo de cables eléctricos: los cables de red y de antena también pueden verse afectados por el mismo motivo.

Carga Rapida

El consumo que no se nota, pero está ahí

El segundo motivo tiene que ver con la factura de la luz, aunque de forma mucho más disimulada. Un cargador enchufado sin nada conectado sigue consumiendo una pequeña cantidad de electricidad, lo que se conoce como consumo en espera o standby. Por sí solo, ese consumo apenas se nota: la propia fuente alemana lo sitúa en una cifra de solo unos pocos euros al año por cada cargador, una cantidad que a nivel individual resulta casi irrelevante.

El problema aparece al multiplicar. Un cargador no suele ser el único aparato que se queda enchufado sin usarse en una casa, y si a eso le sumamos que el gesto se repite en millones de hogares, ese consumo que por separado no importa demasiado empieza a sumar.

Cuidado con los cargadores de mala calidad

Hay un tercer factor que no depende de tormentas ni de la factura: la calidad del propio cargador. Uno de baja calidad puede dar problemas por su cuenta, sin necesidad de ningún rayo. Solo por estar mal fabricado o no cumplir con las garantías básicas de seguridad. Cuidado con esos cargadores que hemos comprado por tener prisas o una emergencia en un bazar, tienda de turistas, etc.

La forma más más sencilla de detectar algo que va mal es la temperatura. Un cargador no debería calentarse mientras está en modo espera, sin nada conectado a él. Si lo hace, es mejor sustituirlo antes de que se convierta en un problema más grande.

Un gesto pequeño y dos motivos: uno de seguridad y otro económico para dejar de tener el cargador siempre puesto. Ninguno de los dos es grave por sí solo, pero juntos son razón suficiente para coger la costumbre de desenchufarlo cuando no se usa.

Fuente | Gamestar

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