La tecnología tiene algo curioso: a veces creemos que ya lo hemos visto todo. Después de tantos años escribiendo sobre Apple - y después de haber probado prácticamente todas las generaciones de Mac que han pasado por mis manos - uno termina desarrollando cierta intuición sobre cómo evolucionan los portátiles. Pantalla, teclado, batería, aluminio… y cada nueva generación suele moverse dentro de ese mismo triángulo, afinando pequeñas cosas que mejoran la experiencia general pero sin cambiar realmente el concepto.
Es algo que he visto repetirse muchas veces. Los portátiles se vuelven más finos, más rápidos, con mejores pantallas o baterías más duraderas, pero el formato en sí permanece bastante estable. Es como si todos hubiéramos aceptado ya cuál es la forma definitiva de un ordenador portátil moderno, y a partir de ahí las mejoras fueran casi imperceptibles si no prestamos mucha atención.
Sin embargo, de vez en cuando aparece un dispositivo que intenta reinterpretar esa fórmula desde otro ángulo. Tampoco quiere (ni necesita) reinventar la informática personal ni cambiar radicalmente la forma en la que usamos un portátil. Más bien intenta acercar esa experiencia a más personas, simplificando algunos elementos y manteniendo otros que sabemos que funcionan muy bien. El MacBook Neo nace precisamente en ese territorio: un Mac pensado para quienes quieren entrar en el ecosistema de Apple sin necesidad de dar el salto a los modelos más ambiciosos de la gama.
Durante varios días he estado utilizando un MacBook Neo, y me ha encantado volver a probar un portátil con esta frescura. En concreto, el modelo de 256 GB sin Touch ID en color Cítrico, un verde lima bastante llamativo que no pasa desapercibido cuando lo colocas encima de la mesa. Después de convivir con él en distintas situaciones - trabajando en casa, escribiendo en una cafetería, viendo una película por la noche - la sensación ha sido bastante clara: este portátil tiene decisiones muy acertadas, otras que sorprenden para bien y algunas que te hacen reflexionar sobre los compromisos que Apple ha decidido asumir para colocarlo en esta posición dentro de la gama.
MacBook Neo, ficha técnica
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MacBook NEO |
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dimensiones y peso |
Alto: 1,27 cm Ancho: 29,75 cm Fondo: 20,64 cm Peso: 1,23 kg |
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Pantalla |
IPS LCD de 13 pulgadas Resolución de 2.408 x 1.506p Brillo de 500 nits |
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Procesador |
Apple A18 Pro |
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Memoria |
8 GB |
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almacenamiento |
256 GB / 512 GB |
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SISTEMA OPERATIVO |
macOS 26 Tahoe |
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PUERTOS |
Dos puertos USB-C |
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CONECTIVIDAD |
Wi-Fi 6E (802.11ax) Bluetooth 6.0 Jack de 3,5 mm para auriculares |
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aUTONOMÍA |
Hasta 16 horas de streaming de vídeo Hasta 11 horas de navegación web |
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cámara |
1.080p |
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OTROS |
Touch ID (en el modelo de 512 GB) Disponible en plata, rosa nube, amarillo cítrico y azul índigo Doble altavoz compatible con Dolby Atmos |
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PRECIO |
Desde 699 euros |
Un diseño con personalidad que recupera el Mac más expresivo
Lo primero que notas al sacar el MacBook Neo de la caja es esa sensación tan familiar de los portátiles de Apple, y eso es muy bueno. El chasis de aluminio mecanizado transmite inmediatamente solidez. Cuando lo coges con las dos manos o lo sujetas por una esquina para colocarlo sobre la mesa, el ordenador es muy robusto y tiene esa sensación “premium” de todos los Mac. Esa sensación de pieza única, casi como si el portátil estuviera tallado a partir de un bloque de metal, sigue siendo una de las cosas que Apple hace mejor que nadie en esta categoría.
Durante estos días lo he llevado conmigo a varios sitios, metido en la mochila junto a un cuaderno y un par de cables. El portátil tiene un grosor de 1,27 cm y pesa 1,2 kg. No es un peso excesivo en absoluto, y después de caminar con él durante un rato o subirlo y bajarlo del tren varias veces sigues sintiendo que es un equipo portátil de verdad. Aun así, en algún momento sí pensé que podría haber sido un poco más ligero para el tamaño que tiene.
El elemento que realmente marca la diferencia en el diseño es el color Cítrico. En las fotografías parece atrevido, pero cuando lo ves en persona todavía lo es más. Ese verde lima tan intenso convierte al portátil en algo difícil de ignorar cuando está abierto sobre una mesa. Durante estos días más de una persona me ha preguntado qué modelo era exactamente, algo que no suele ocurrir cuando utilizas un portátil gris o plateado.
Con el paso de las horas ese color empieza a resultar incluso simpático. Tiene algo refrescante, casi juguetón, que rompe con la seriedad habitual de muchos portátiles. Es lo que queríamos de la Apple que en otro momento de su historia sacó los iMac G3 o los iBook, y nos recuerda mucho al momento donde el diseño también buscaba transmitir personalidad, no solo funcionalidad.
Una pantalla que no tiene nada que envidiar al MacBook Air
La primera vez que enciendes el MacBook Neo y aparece el escritorio lo que más llama la atención es la pantalla Liquid Retina de 13 pulgadas. Apple ha integrado un panel con resolución de 2408 × 1506 píxeles y hasta 500 nits de brillo, lo que sitúa al Neo muy cerca de la experiencia visual que encontramos en otros Mac de la compañía. Esto es importante porque la pantalla es uno de los elementos con los que más interactuamos en el día a día: bajar la calidad aquí hubiera dado otra sensación de este equipo.
Durante los días que lo he estado utilizando he pasado muchas horas escribiendo textos largos y revisando documentos. En ese tipo de trabajo es donde realmente se aprecia una buena pantalla. Las letras se ven extremadamente definidas, el contraste es muy equilibrado y no aparece esa sensación de cansancio visual que a veces encontramos en paneles más modestos.
Después de utilizarlo durante bastante tiempo tengo bastante claro que la pantalla del Neo no tiene nada que envidiar a la del MacBook Air. Las fotografías mantienen colores naturales, las páginas web se ven limpias y los vídeos tienen profundidad. También lo he utilizado cerca de una ventana con bastante luz natural entrando en la habitación. Incluso en esas condiciones el brillo es suficiente para trabajar con comodidad.
Las videollamadas también se benefician de esta pantalla y de la cámara FaceTime HD de 1080p que Apple ha incluido en el portátil. Durante una reunión larga en FaceTime la imagen se ve clara y el sistema de doble micrófono recoge la voz con bastante precisión. No es un elemento que destaque por sí solo, pero contribuye a que la experiencia general sea muy sólida.
Un sonido que sorprende desde el primer momento
Las ranuras laterales son en realidad altavoces para disfrutar de Dolby Atmos en este portátil
El portátil integra un sistema de altavoces compatible con Spatial Audio y Dolby Atmos, y se nota mucho cuando empiezas a reproducir contenido. El sonido no parece salir únicamente de un punto del teclado, sino que se expande un poco más hacia el espacio que tienes delante. Los diálogos se escuchan claros y los efectos mantienen cierta profundidad.
En una escena con música de fondo y varios personajes hablando al mismo tiempo se percibe bastante bien la separación de elementos. No es un sistema de cine en casa, evidentemente, pero sí resulta sorprendentemente competente para un portátil tan delgado y de este precio.
Con música sucede algo parecido. Mientras escribía este análisis he estado escuchando varios álbumes en Apple Music y el sonido tiene más cuerpo del que esperaba. Los graves están presentes sin resultar exagerados y las voces se mantienen muy definidas. De nuevo, importante aquí la apuesta de Apple por no escatimar en elementos que se entienden que será de uso intensivo en el día a día - y se agradece.
Rendimiento y autonomía para convivir con él cada día
En el interior del MacBook Neo encontramos el chip A18 Pro, un procesador pensado para ofrecer una experiencia fluida en tareas cotidianas y el mismo que ya tenía el iPhone 16 Pro. Durante estos días lo he utilizado exactamente como suelo usar cualquier portátil: escribiendo artículos largos, navegando con bastantes pestañas abiertas, revisando correos y editando alguna imagen y vídeo para Instagram.
En todo ese tiempo el ordenador se ha comportado con absoluta naturalidad. Las aplicaciones se abren rápido, el sistema responde con agilidad y no hay esa sensación de estar empujando al equipo más allá de sus posibilidades. La autonomía también juega un papel importante en esa sensación. Apple habla de hasta 16 horas de batería, y durante mis sesiones de trabajo largas no he tenido que estar pendiente del cargador constantemente.
He podido trabajar durante buena parte del día escribiendo y navegando sin preocuparme demasiado por el nivel de batería. Es importante entender aquí que si usas las aplicaciones de Apple, siempre “rascas” algo más de batería ya que son más eficientes al estar integradas en macOS. Sin embargo, incluso usando aplicaciones como Chrome (un auténtico devorador de RAM) o Lightroom, no he notado un drenaje de batería excesivo.
Los acuerdos que firmas para tener un Mac muy equilibrado a este precio
El teclado es cómodo con buen recorrido, aunque no es retroiluminado.
El MacBook Neo es un portátil muy equilibrado dentro de la gama Mac, pero para llegar a ese punto Apple ha tenido que tomar algunas decisiones. No son limitaciones dramáticas, pero sí pequeños acuerdos de diseño que conviene conocer. Uno de ellos es el teclado sin retroiluminación. El tacto del Magic Keyboard sigue siendo muy bueno y escribir durante horas resulta cómodo. Sin embargo, cuando utilizas el portátil en una habitación con poca luz o en un vuelo nocturno yo personalmente sí he echado de menos las teclas iluminadas.
En el modelo que he probado también encontramos la ausencia de Touch ID. Personalmente, no me ha parecido un problema porque el portátil se desbloquea automáticamente utilizando el Apple Watch. Abría la tapa y el sistema estaba listo para trabajar en cuestión de segundos, gracias a la integración del ecosistema.
El punto donde creo que más usuarios se lo pensarán es en el almacenamiento de 256 GB. Hoy en día es bastante fácil llenar esa capacidad si trabajas con fotos, vídeos o bibliotecas de aplicaciones grandes. Probablemente muchos usuarios preferirán optar por una configuración con más almacenamiento desde el principio, sobre todo para quien trabaje con muchos archivos locales y se utilicen pocos servicios en la nube.
Rendimiento del MacBook Neo en el día a día
Para entender realmente cómo se comporta el MacBook Neo, lo primero que hice fue pasarle Geekbench 6. La unidad que he estado utilizando - con el chip A18 Pro y 8 GB de memoria - obtuvo una puntuación de 3289 en single-core y 7930 en multi-core, unos números que encajan bastante bien con lo que he sentido al utilizarlo durante estos días.
El dato que más se nota cuando usas el portátil no es tanto el multi-core, sino el single-core de 3289. Es el tipo de rendimiento que afecta directamente a las acciones que hacemos constantemente: abrir Safari, lanzar una aplicación, cambiar entre ventanas, exportar una imagen o desplazarnos por un documento largo. En todos esos pequeños gestos el Neo va rápido y responde de inmediato. No hay esa sensación de estar esperando al ordenador, simplemente haces clic y la acción ocurre.
En el día a día eso se traduce en algo muy sencillo: el portátil lo notas muy ligero trabajando. He estado escribiendo artículos con muchas pestañas abiertas en Safari, Apple Music sonando de fondo, varias apps de mensajería y Lightroom abierto al mismo tiempo revisando fotografías. En ningún momento me dio la sensación de que el sistema estuviera al límite, aunque obviamente esta máquina tiene limitaciones dependiendo del escenario: depende de la complejidad de las aplicaciones abiertas y también de los proyectos que carguemos en ellas.
El resultado multi-core de 7930 también ayuda a entender por qué el portátil puede enfrentarse a tareas algo más exigentes cuando hace falta. El A18 Pro utiliza 6 núcleos trabajando en conjunto, y macOS reparte bastante bien las cargas entre ellos cuando una aplicación lo necesita. No estamos ante un portátil pensado para renderizados pesados durante horas, pero sí tiene suficiente músculo para resolver trabajos puntuales sin dificultad.
Aquí es donde entra uno de los aspectos más interesantes de los Mac actuales y la pregunta que muchos van a tener en la cabeza al ver las especificaciones del Neo: cómo gestionan la memoria. Sobre el papel, 8 GB de RAM pueden parecer escasos si vienes del mundo PC. Sin embargo, en un Mac la arquitectura es diferente. Apple utiliza memoria unificada, lo que significa que CPU, GPU y otros componentes acceden al mismo bloque de memoria sin duplicar datos constantemente.
Durante estos días estuve revisando varias veces el Monitor de Actividad por curiosidad mientras trabajaba. Cuando la memoria empieza a llenarse, macOS utiliza compresión de memoria para reorganizar los datos que no se están usando activamente. Esto permite que el sistema siga funcionando con fluidez incluso con varias aplicaciones abiertas al mismo tiempo.
Para ponerlo a prueba decidí utilizar Lightroom durante una tarde completa revisando una sesión de fotos para el análisis del iPhone 17e. De hecho, la edición de todas las fotos para ese artículo las hice en el Neo sin problemas. Importé varias imágenes, ajusté exposición, color y contraste, y exporté algunas versiones finales. El portátil respondió con bastante soltura. No es el equipo ideal para procesar miles de RAW seguidos, pero para seleccionar fotos, hacer ajustes y exportar una pequeña serie funciona perfectamente.
También probé el Creative Studio de Apple para crear contenido sencillo. Preparar gráficos, ajustar imágenes o montar pequeñas piezas visuales fue muy natural. El sistema mantiene esa sensación constante de fluidez que aparece cuando el hardware y el software están bien integrados, y sí que me dio la sensación de que la suite creativa de Apple se mueve con más soltura al estar más optimizada para su propio sistema operativo (por ejemplo, al usar Pixelmator para editar fotografías).
Quise ir un poco más lejos y abrí Final Cut Pro para montar un pequeño proyecto de vídeos grabados con el iPhone. Importé varios clips, añadí música, hice algunos cortes rápidos y probé a aplicar un par de efectos básicos. Mientras trabajaba en la línea de tiempo el sistema se mantuvo bastante fluido. No es el portátil que elegiría para editar un documental complejo, pero para editar contenido para redes sociales o preparar un vídeo rápido funciona bastante bien.
Donde también tenía curiosidad era en el terreno de los juegos. Empecé con algo lógico: los últimos títulos de Apple Arcade, como Oceanhorn 3. En ese tipo de juegos la experiencia es impecable. El portátil mueve todo con suavidad y mantiene una tasa de imágenes muy estable incluso durante sesiones largas.
Pero decidí probar algo mucho más exigente: Cyberpunk 2077. Ajustando la configuración gráfica a un nivel básico el juego es jugable. Evidentemente no estamos ante un portátil gaming, pero el hecho de poder lanzar un título así y jugar un rato sin que el equipo se venga abajo dice bastante del margen que tiene el hardware. Y sorprende además para un equipo como este con ventilación pasiva (sin ventiladores).
Sí, es el Cyberpunk 2077 Ultimate en un MacBook Neo. No es el mejor portátil para jugar, pero ajustando su modo gráfico es perfectamente jugable.
Gran parte de esto se explica por la optimización de macOS y el uso de Metal, la tecnología gráfica de Apple. A diferencia de otras APIs gráficas más generales, Metal está diseñado específicamente para el hardware de Apple y permite que los desarrolladores accedan a la GPU con mucha menos sobrecarga. Esto reduce las capas intermedias entre software y hardware, lo que permite que la GPU trabaje de forma mucho más directa y eficiente.
En un equipo como el MacBook Neo eso se nota bastante. Incluso con un hardware que no está pensado específicamente para gaming, el hecho de que el motor gráfico y el sistema operativo estén tan estrechamente integrados permite que muchos juegos funcionen mejor de lo que esperarías viendo solo las especificaciones. No convierte al Neo en un portátil para jugadores exigentes, pero demuestra cómo la eficiencia de Metal puede sacar mucho más partido del hardware disponible.
A quién va dirigido el MacBook Neo
Después de convivir varios días con el MacBook Neo, la sensación que me deja no es la de un portátil construido alrededor de una única gran cifra o una característica deslumbrante, sino la de un equipo que está muy bien pensado como conjunto. Otras máquinas intentan conquistarnos por potencia bruta, por delgadez extrema o por un diseño especialmente radical. El Neo no juega exactamente a eso. Su fortaleza está en algo más difícil de conseguir: ofrecer una experiencia diaria muy agradable, muy coherente y muy estable. La pantalla está a un nivel altísimo, el sonido sorprende más de lo que uno espera en esta categoría, la autonomía acompaña de verdad y el diseño en colores tiene una personalidad que lo diferencia inmediatamente del resto.
También me parece importante entenderlo dentro del catálogo de Apple, porque ahí es donde cobra más sentido. El MacBook Neo no quiere ocupar el lugar del MacBook Pro para quien vive de editar vídeo pesado, ni tampoco pretende eclipsar a un MacBook Air en todos los frentes. Lo que hace es abrir una puerta distinta dentro de la gama: la de un Mac más accesible en enfoque, más directo en su propuesta y con muy pocos artificios. A cambio, Apple pide aceptar algunos acuerdos bastante razonables, como el teclado sin retroiluminación o una configuración base de 256 GB que, en mi opinión, se queda algo justa para muchos usuarios. La ausencia de Touch ID, en cambio, me parece menos relevante cuando convives con él y utilizas un Apple Watch para desbloquearlo con naturalidad.
Donde creo que este portátil resulta especialmente convincente es en manos de alguien que quiere un ordenador para el mundo real, no para una ficha técnica comparada al milímetro. Pienso en estudiantes que necesitan un equipo fiable para varios años, en usuarios que compran su primer Mac y quieren una buena puerta de entrada al ecosistema, en quienes trabajan sobre todo con navegación web, ofimática, videollamadas, gestión de documentos, edición fotográfica ocasional o incluso algo de vídeo ligero para redes sociales. Incluso me parece un portátil muy válido para quien, de vez en cuando, quiere relajarse con una película, escuchar música con muy buen sonido o echar una partida esporádica a algo más ambicioso de lo que cabría esperar en un equipo así.
Por eso mi conclusión con el MacBook Neo es algo distinta a la que solemos hacer con muchos portátiles. No es un equipo que busque impresionar por cifras extremas ni por una potencia desmedida como nos tiene acostumbrados la marca. Su propuesta es más sencilla: ofrecer un Mac agradable de usar todos los días, con buena pantalla, muy buen sonido, autonomía suficiente y un diseño que tiene carácter propio. Durante estos días lo he utilizado para trabajar, para ver contenido, para editar alguna foto y hasta para jugar un rato, y en todos esos escenarios el ordenador se ha comportado con naturalidad. Al final, esa es la sensación que deja el Neo: la de un portátil equilibrado que cumple muy bien con lo que promete y que probablemente hará muy feliz a quien simplemente quiera un buen Mac para acompañarle en su día a día.
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