He pasado tantos años delante de un Mac que hay movimientos que hago sin pensar. Buscar el trackpad, apoyar los dedos en el teclado, ampliar una fotografía. Una pequeña memoria de las manos que me acompaña cuando escribo un artículo, preparo un podcast o abro el ordenador lejos de casa. Por eso tenía curiosidad por descubrir qué ocurriría al añadir una pantalla táctil a ese lugar tan conocido.
He podido probar el nuevo MacBook Pro en el evento especial de Apple en Los Ángeles. Y, entre todas sus novedades, me quedo con una sensación: el Mac sigue siendo ese sitio al que sé volver, aunque ahora tenga una nueva puerta de entrada. La pantalla está ahí para tocarla cuando nos venga bien. El resto del tiempo, podemos seguir trabajando como siempre.
Tenía dudas sobre cuánto encajaría ese gesto en un portátil. Después de este primer contacto empiezo a encontrarle sentido en acciones pequeñas, de esas que apenas ocupan un segundo. Por eso resultan tan interesantes: porque pueden incorporarse a nuestra forma de trabajar casi sin pedir permiso.
La primera vez que tocas la pantalla de un Mac
Hay algo curioso en acercar un dedo a la pantalla de este MacBook Pro. Conocemos perfectamente el gesto. Lo hacemos cada día en el iPhone y en el iPad. Sin embargo, al hacerlo sobre una ventana de macOS aparece durante un instante esa mezcla de familiaridad y descubrimiento que tienen algunas primeras veces.
Mi sensación es que la pantalla táctil encaja mejor cuando dejamos de pensar en ella como la gran novedad que hay que utilizar constantemente. Ampliar una foto con los dedos, desplazarnos por una página o mover un elemento son acciones que pueden tener su momento. Después, las manos vuelven al teclado o al trackpad con toda naturalidad.
Lo que me gusta es poder elegir dentro de una misma tarea. Hay momentos en los que quiero la precisión del trackpad y otros en los que me resulta más directo tocar aquello que estoy mirando. El interés está en esa convivencia, en disponer de otra posibilidad sin tener que reorganizar nuestra manera de utilizar el ordenador.
También hay trabajo físico detrás de una interacción que parece tan sencilla. Apple ha integrado el sensor táctil en el panel y ha cambiado la bisagra para dar más estabilidad a la pantalla al tocarla. Es uno de esos detalles que importan especialmente aquí: para que el gesto resulte cómodo, el ordenador tiene que acompañarlo.
Una pantalla que invita a quedarse mirando
La nueva PROLED XDR tiene mucho protagonismo en este primer encuentro. Antes incluso de pensar en lo que podemos hacer con los dedos, está lo que vemos. Y la pantalla es una de las partes del equipo que más me apetece explorar con tiempo, con mis fotografías, mis vídeos y ese contenido propio con el que acabas conociendo de verdad un ordenador.
La tecnología OLED en tándem permite alcanzar hasta 2.000 nits de brillo máximo en HDR y SDR, con un contraste anunciado de 10.000.000:1. ProMotion adapta la frecuencia entre 10 y 120 Hz. Son cifras que ayudan a situar el cambio, aunque delante del equipo la atención se va primero a la imagen y a la sensación de estar ante una superficie que ahora también responde a nuestras manos.
Para fotografía y diseño, la incorporación de Adobe RGB junto a P3 añade otro argumento de peso. También ofrece más de un 80% de cobertura de Rec. 2020. Habrá que comprobar todo esto con calma, especialmente en trabajos donde el color tiene que ser fiable. Una primera prueba permite apreciar la propuesta; convivir con ella nos dirá mucho más.
Me interesa especialmente esa doble relación con la pantalla: contemplar y actuar. El mismo lugar en el que revisamos una fotografía puede servir para acercarnos a un detalle con los dedos. La imagen deja de sentirse tan alejada del gesto, y eso abre una relación distinta con el contenido.
La Dynamic Island cambia cómo siento el espacio
La llegada de la Dynamic Island me ha llamado la atención por algo muy visual: la pantalla me parece más abierta. Los marcos más finos contribuyen a esa sensación de amplitud, con paneles que alcanzan las 14,2 y 16,3 pulgadas. Es una impresión de este primer contacto, pero está entre las que más recuerdo al pensar en el equipo.
Aquí la Dynamic Island tiene una función concreta: reunir información y acciones breves que podemos consultar mientras seguimos trabajando. La música, una llamada, una actividad en directo o una solicitud de AirDrop encuentran su sitio en esa parte superior de la pantalla. Spotlight también puede aparecer ahí cuando Siri AI está disponible y activado.
Lo que cambia su lectura es poder tocarla. Un elemento que conocemos del iPhone llega a una pantalla mucho mayor y gana esa posibilidad de interacción directa. Hay algo coherente en ver un control al alcance de la vista y poder acercar el dedo para utilizarlo.
Me gusta cuando una referencia conocida encuentra un motivo para estar en otro dispositivo. En el Mac, el valor de la Dynamic Island dependerá de lo útil que resulte durante el trabajo diario: cuánto nos ayude a consultar algo, resolver una acción y continuar. En este primer encuentro, la combinación con el control táctil despierta bastante mi curiosidad.
Crear con las manos, también en el Mac
Mientras probaba este MacBook Pro pensaba en las aplicaciones que me gustaría abrir en él con más tiempo. Es ahí donde la pantalla táctil empieza a sugerir posibilidades que van más allá de desplazarse por una página. La relación entre las manos y una herramienta creativa puede cambiar mucho según dónde se produzca la interacción.
En Logic Pro, la propuesta incluye un teclado polifónico Multi-Touch, pads de percusión y acordes que se pueden tocar en pantalla. En Final Cut Pro permite marcar intervalos, colocar clips y ampliar una escena con un pellizco. Pixelmator Pro lleva esa interacción al lienzo para dibujar, pintar y seleccionar directamente sobre el contenido.
Son usos distintos y cada uno tendrá que encontrar su lugar. Habrá profesionales que incorporen determinados gestos a su trabajo y otros que sigan prefiriendo sus controles habituales. Lo estimulante es que las aplicaciones de Mac tienen ahora otra herramienta con la que construir experiencias.
También están previstas adaptaciones de aplicaciones como Lightroom, DaVinci Resolve, Blender y Shapr3D, que llegarán a final de este año. Esa evolución me parece una de las partes más interesantes de lo que empieza aquí. Podemos imaginar algunos usos desde el primer día; otros aparecerán cuando los desarrolladores y los usuarios lleven un tiempo explorando juntos.
Más ligero, con una manzana que vuelve a iluminarse (POR FIN)
Sostener este Mac es entender el cambio. El modelo de 14 pulgadas parte de 1,38 kilos y el de 16 pulgadas, de 1,82 kilos. Son 227 y 317 gramos menos, respectivamente. Durante este primer contacto, esa mayor ligereza acompaña bien a la sensación de un equipo más cómodo de manejar.
Para quienes llevamos el portátil de un sitio a otro, el peso forma parte de la experiencia tanto como la pantalla. Está en la mochila, en una mesa de trabajo improvisada, en el momento de guardarlo para salir. Me interesa mucho comprobar cómo se traduce esta reducción después de varios días, cuando el ordenador empieza a formar parte del viaje.
Y después está la manzana iluminada. Su regreso me toca una memoria muy concreta del Mac: la de aquellos portátiles que podías reconocer al otro lado de una cafetería o en una sala de prensa. Volver a verla encendida tiene una carga emocional difícil de separar de todos los años que llevamos acompañados por estos ordenadores.
Es un detalle pequeño dentro de una renovación importante, pero me gusta encontrarlo aquí. Entre una pantalla nueva, otra forma de interactuar y un diseño más ligero, aparece algo que reconozco de inmediato. Una pieza de nuestra historia con el Mac que vuelve a tener presencia. Es nuestro Mac. Más nuestro que nunca.
Potencia para explorar y un sonido que apetece escuchar
El sonido es espectacular. Se escucha muy bien y acompaña a una pantalla que invita a detenerse en el contenido. Conviene probarlo con con nuestras propias referencias, aunque durante la demostración ya consigue hacerse notar y más en un ambiente tan ruidoso como una sala de demostraciones.
El sistema de seis altavoces incorpora un nuevo diseño con el que Apple anuncia graves un 50% más profundos, además de audio espacial con Dolby Atmos. También incluye un ajuste para utilizarlo con la tapa cerrada y un monitor externo. Me parece un detalle práctico para quienes alternamos entre el portátil abierto y una mesa de trabajo.
Por dentro, los M5 Pro y M5 Max aportan la base para tareas exigentes de vídeo, desarrollo, creación 3D e inteligencia artificial local. Las configuraciones llegan hasta 128 GB de memoria unificada y 16 TB de almacenamiento. Durante un contacto así puedo acercarme a la experiencia, pero el rendimiento sostenido requiere otro tipo de prueba, con proyectos propios y tiempo por delante.
Lo mismo ocurre con las hasta 24 horas de autonomía anunciadas. Queda pendiente comprobar cómo responde lejos del enchufe en una jornada real. Por ahora, me interesa la combinación que plantea: un ordenador más ligero, con nuevas posibilidades de interacción y capacidad para llevar trabajo exigente a cualquier parte.
El Mac de siempre empieza a aprender otros gestos
Me voy de este encuentro en Los Ángeles pensando en algo bastante sencillo: hay novedades que adquieren valor cuando encuentran un hueco entre nuestras costumbres. La pantalla táctil de este MacBook Pro tiene esa oportunidad. Puede estar presente en un momento concreto y dejar que, un segundo después, volvamos a escribir como hemos hecho siempre.
Todavía quedan preguntas que solo responderá el uso diario. Cuándo preferiremos tocar la pantalla, qué aplicaciones lo aprovecharán mejor o qué gestos acabarán formando parte de nuestra memoria. Me apetece descubrirlo sin prisa, trabajando, dejando que el ordenador encuentre su sitio en mis rutinas.
La sensación que me llevo es la de tener más opciones dentro de un lugar conocido. El Mac mantiene su teclado, su trackpad, sus ventanas y sus herramientas. A todo ello añade gestos que nuestras manos ya conocen de otros dispositivos y que ahora pueden adquirir un significado distinto.
Después de tantos años utilizando un Mac, sigue siendo especial encontrar una nueva forma de acercarse a él. Esta vez empieza con algo tan pequeño como levantar la mano y tocar la pantalla. Y con esa suave luz que vuelve a tener la manzana.
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