Dentro de unas semanas se cumplirá un año del día en que el mundo del comercio internacional se puso patas arriba. El 2 de abril de 2025, Trump anunció sus aranceles "recíprocos". Con ello, las acciones de Apple se desplomaron, los usuarios se lanzaron a comprar iPhone y Mac antes de una posible subida de precios, y los analistas empezaron a hablar de un iPhone que podría costar 2.500 dólares. Al final, ese precio nunca llegó. Apple tomó una decisión que ha mantenido durante casi doce meses: pagar ella la factura para que no la pagáramos nosotros.
Esa decisión ha tenido un coste enorme. Aviones fletados desde India para llenar almacenes en Estados Unidos antes de que entraran en vigor los aranceles, una cadena de suministro reorganizada a marchas forzadas, producción trasladada a Vietnam e India, y más de 2.000 millones de dólares pagados directamente en aranceles. Todo para que el precio del iPhone no se moviera. Y durante meses, la estrategia funcionó. Pero ahora hay un nuevo capítulo.
Lo que pasó con los aranceles: ilegales, pero casi un año después
Los aranceles "recíprocos" de Trump se impusieron al amparo de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, una normativa de emergencia que el presidente interpretó de forma extraordinariamente amplia para justificar porcentajes específicos por país. China, India, Vietnam (el grueso de la cadena de suministro de Apple) quedaron en el punto de mira. China, en el peor momento, llegó a soportar un arancel del 145%. Era el escenario más temido para Apple, que fabrica allí la mayor parte de sus productos.
La respuesta de la compañía fue que el 50% de los iPhone destinados al mercado americano empezó a salir de India, y la mayor parte de los iPad, Mac, Apple Watch y AirPods se trasladó a Vietnam. No era un plan improvisado, llevaba años en marcha, pero los aranceles lo aceleraron. El impacto en el segundo trimestre de 2025 se quedó en 900 millones de dólares, muy lejos de los escenarios más pesimistas.
El 20 de febrero de 2026, el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró esos aranceles ilegales en una sentencia 6-3. El argumento fue que imponer aranceles sin aprobación del Congreso excede la autoridad presidencial, independientemente de la emergencia que se invoque. Para Apple, el dinero no vuelve, pero la menos no se sigue yendo.
Donald Trump y Tim Cook en la planta de fabricación de Apple en Austin, Texas
El nuevo impuesto: más limitado, pero también más resistente
Trump no tardó ni un día en responder. Y lo hizo de una forma que los tribunales tendrán mucho más difícil tumbar.
Primero anunció un arancel global del 10% bajo la Sección 122 del código comercial. Menos de 24 horas después, lo subió al 15%, el máximo legal que permite esa vía. A diferencia de los anteriores, este mecanismo obliga a aplicar un tipo uniforme a todos los países (no puede usarse para castigar a China en concreto) y tiene una vigencia máxima de 150 días salvo que el Congreso lo prorrogue.
Dicho esto, el 15% dista mucho del 145% que llegó a aplicarse sobre los productos fabricados en China. La pesadilla arancelaria de 2025 fue, en muchos sentidos, bastante más grave que esto. Pero también significa que la diversificación que Tim Cook construyó a marchas forzadas no sirve de escudo aquí, porque el impuesto es igual para todos los orígenes. Esa es la diferencia respecto a todo lo anterior.
Apple ya demostró que puede aguantar algo peor
Hay un argumento que juega a favor de Apple: ya hemos visto esta película, y el final no fue catastrófico. Cuando llegaron los aranceles del Día de la Liberación, los escenarios más pesimistas hablaban de subidas de precio del iPhone del 10 al 30%. No ocurrió. Apple absorbió 900 millones de dólares de impacto en un solo trimestre y siguió adelante con márgenes sólidos, servicios creciendo al 12% anual (completamente fuera del alcance de cualquier arancel) y récords históricos en ingresos.
El nuevo impuesto es temporal por diseño, está acotado legalmente y depende de una votación del Congreso para sobrevivir más allá de 150 días. Los aranceles recíprocos, que eran mucho más graves y específicos, ya cayeron en los tribunales. Apple tiene músculo financiero, tiene una cadena de suministro más diversificada que hace un año y tiene un negocio de servicios que actúa como colchón ante cualquier turbulencia externa. La pregunta ya no es si Apple puede sobrevivir a esto. La pregunta es cuánto más tendrá que pagar antes de que Washington deje de cambiar las reglas cada año.
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