El jefe de Instagram desveló la "prueba" a la que le somete Mark Zuckerberg. Se parece a trabajar para Steve Jobs

La presión sobre los empleados o el rechazar muchas ideas son algunas de las facetas que comparten ambos CEO

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José A. Lizana

Editor
  • Revisado por:

  • Guille Lomener

Cuando pensamos en cómo trabaja el CEO de una gran empresa, casi siempre imaginamos algo alejado de nuestra rutina diaria: decisiones que se toman en salas cerradas, presión que no vemos y una exigencia que solo intuimos por los resultados. Mark Zuckerberg lleva más de dos décadas al frente de lo que hoy es Meta, y aunque su imagen pública ha cambiado mil veces, hay algo en su forma de dirigir que apenas ha variado desde los tiempos de Facebook.

Quien mejor puede contarlo es Adam Mosseri, jefe de Instagram y una de las personas que más trato directo tiene con él. En una entrevista concedida al podcast The Colin and Samir Show, Adam describió una forma de trabajar que a cualquiera que conozca la historia de Apple le va a sonar muy familiar: la de Steve Jobs.

Los mismos estándares imposibles de cumplir

Adam Mosseri fue claro al describir a Mark Zuckerberg: "es alguien muy centrado en los resultados". Eso se traduce en un listón que nunca baja, según sus propias palabras: "siempre va a mantener el listón muy, muy alto. Siempre te va a presionar mucho, mucho. Siempre va a tener expectativas muy altas". No hay margen para la mediocridad ni para presentar algo a medio pulir, porque la vara con la que se mide cada idea está puesta muy arriba desde el primer momento.

Esa exigencia tiene un espejo casi perfecto en Steve Jobs. Entre los rasgos que definían su manera de trabajar en Apple estaba precisamente la costumbre de decir que no a casi todo lo que le llegaba. Jobs entendía que la excelencia se construye tanto por lo que se acepta como por lo que se descarta, y de ahí nace una de sus frases más repetidas: "la innovación está en decir no a 1.000 cosas". Zuckerberg parece operar bajo una lógica parecida, aunque la ejecute de otra manera.

Mark Y Steve Jobs Steve Jobs y Mark Zuckerberg

Poner las ideas a prueba antes de descartarlas

La diferencia está en el proceso. Cuando a Mark Zuckerberg no le convence una idea desde el principio, no se limita a rechazarla en el momento: la lleva a varias reuniones más y pregunta a distintos empleados qué opinan. Adam Mosseri explica que el objetivo de fondo es someter esa idea a presión hasta que sea el propio equipo quien llegue a la conclusión de que no funciona, en lugar de imponer un veto desde arriba sin más explicación.

Es un matiz que dice bastante de cómo gestiona el desacuerdo. En vez de cortar por lo sano, prefiere que la idea se sostenga o se caiga sola, expuesta a las preguntas de la gente que tendría que ejecutarla. El resultado es parecido al de un "no" directo, pero el camino hasta llegar ahí construye algo distinto: un equipo que entiende por qué una idea no ha cuajado, no solo que ha sido descartada.

Aprender a leer al jefe

Trabajar así, de forma tan cercana y con un nivel de exigencia que no da tregua, obliga a cualquier empleado a desarrollar una habilidad: anticiparse. El propio Adam Mosseri lo resume con esta frase. 

Cuando llevas suficiente tiempo trabajando con alguien, empiezas a anticipar cuál va a ser su opinión y qué es lo que le importa.

El CTO de Meta ha ido más allá al describir el nivel de atención que pone Mark Zuckerberg cuando un proyecto le importa. Lo comparó con el Ojo de Sauron de El Señor de los Anillos, una imagen que deja claro que ningún detalle pasa desapercibido cuando algo está en el radar del CEO. Cada fallo, por pequeño que sea, acaba saliendo a la luz tarde o temprano.

La obsesión que no descansa

Incluso después de dar el visto bueno a algo, Mark Zuckerberg sigue introduciendo cambios sobre proyectos que días antes había dado por buenos. Esa inquietud, la de no dejar nunca un asunto completamente cerrado, es otro de los puntos en común con Jobs, que tenía fama de no desconectar ni durante las vacaciones. Hay quien llegó a recibir hasta seis llamadas suyas en un solo día de descanso, todo por mantener el control sobre lo que se estaba cociendo en Cupertino.

Son dos formas de liderazgo separadas por generaciones y por sectores distintos dentro de la tecnología, pero que comparten una misma convicción de fondo: que ningún proyecto llega solo a la excelencia. Hace falta alguien empujando desde arriba, presionando cuando toca y sin soltar del todo las riendas ni cuando parece que ya está todo decidido.

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