El método que usó Steve Jobs para crear el iPhone se basó en una regla muy sencilla

Ni diapositivas, ni bocetos: el secreto de Steve Jobs para crear el iPhone era una demostración perfecta

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Guille Lomener

Editor

El desarrollo de un producto de Apple suele tardar años. El Vision Pro, por ejemplo, llevaba en los laboratorios de la compañía desde prácticamente 2015. Ahora sabemos que las nuevas gafas inteligentes que Apple tiene en el horno (sus Ray-Ban propias) llevan gestándose desde 2022. Es por eso que el momento de enseñarle un prototipo a los altos cargos de la compañía es crucial para todos los desarrolladores e ingenieros implicados: un momento que es toda una apuesta para seguir adelante con ese producto, cambiarlo radicalmente o desecharlo como si fuera un pañuelo usado.

Y eso es hoy, con Tim Cook y el resto de la plantilla de Apple Leadership que conocemos. Pero hubo una época que los veteranos de Apple recuerdan como la más delicada: la época en la que había que hacerle demostraciones de productos a Steve Jobs.

Demos, demos, demos

Ken Kocienda, antiguo veterano de Apple que trabajó en el software del iPhone entre otras cosas, recordó en un hilo en X (antes Twitter) cómo era el proceso de desarrollo de producto con Jobs al frente. Y Jobs quería que los responsables se lo jugaran todo a la carta de la demostración: no quería saber nada de planos, ni diapositivas ni explicaciones sobre el desarrollo. Quería ver cómo iba a funcionar ese producto en manos de los clientes. Punto.

La demo, como no, tenía que ser perfecta. Si Jobs juzgaba que se estaban enseñando puntos "triviales" del producto, inmediatamente alegaba que se estaba desperdiciando su tiempo. El resultado era un discurso en el que las cosas podían ir "a peor". Pero si la demo acertaba y se planteaba lo correcto, entonces Jobs se deshacía en aportar sus impresiones y consejos para mejorarlo.

Equipo Steve Jobs

Ken comenta también que aunque algunas de esas reuniones fuesen muy duras, la moraleja era que se aprendía a gestionar muy bien el tiempo de los compañeros enfocándose en lo que realmente valía la pena. "Íbamos directos a los problemas que había que solucionar y a los productos que teníamos que hacer".

No digo que las reuniones para pruebas de prototipos con Tim Cook sean un camino de rosas, seguro que también debe provocar sudores fríos a muchos ingenieros. Pero el modus operandi de Jobs, para más de un antiguo trabajador de Apple, no se olvida.

La herencia sigue viva

Y mira, algo de ese ADN tiene que quedar. El Vision Pro llegó al mercado en 2024 como el producto más arriesgado de Apple en años: caro, pesado y sin killer app clara. Funcionó como demostración de lo que Apple es capaz de hacer, pero no como producto de masas. ¿Habría pasado con Steve Jobs y sus métodos?

Ahora Apple ha tomado una decisión que Jobs hubiera entendido perfectamente: pausar el modelo barato del Vision Pro y acelerar las gafas inteligentes del día a día, las que compiten con las Meta Ray-Ban. Primero, hacer bien lo sencillo. Luego, ya vendrá lo grande. Eso suena bastante a "demo que funciona antes que presentación bonita".

De hecho, con el iPad sucedió una historia bastante parecida. El iPad se diseñó antes que el iPhone. Sin embargo, en pleno proceso creativo Steve Jobs consideró que el iPhone tenía que salir primero. Por lo tanto, se pausó el desarrollo del iPad para lanzar primero el iPhone. Nos suena familiar, ¿verdad?

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