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La App Store cumple 12 años en medio de un "asalto" por su control

Hoy es un día especial para la App Store, se cumplen doce años desde que abrió sus puertas digitales a los primeros usuarios de iPhone. 500 apps les estaban esperando entonces, hoy son más de 2.200.000. La App Store de Apple es un ecosistema que genera más de medio billón de dólares al año.

Una estadística que no ha pasado por alto para determinados desarrolladores dispuestos a arrebatarle el control a Apple. Y para ello no han dudado en llevar el asunto a los tribunales de EEUU y la Unión Europea.

Mirando a través de la niebla de la App Store

Spotify y más recientemente la app de email Hey han decidido elevar la voz contra la App Store y su modelo. Uno que consideran monopolístico por parte de Apple, dado el elevado control que ejerce la compañía sobre su propia plataforma. Spotify fue más allá de la confrontación pública para llevarla ante la Comisión Europea, que ha iniciado una investigación sobre la App Store.

Lo llamativo de este caso es que Spotify ha decidido que no tiene nada que perder llevando a Apple a los tribunales. No hay dudas de que en una buena relación comercial entre dos empresas surgen más oportunidades entre ambas que si se llevan mal. Con su denuncia, Spotify considera que cualquier relación positiva con Apple tiene menor valor que la posibilidad incierta de beneficiarse con una resolución favorable.

Para algunos grandes desarrolladores, es de vital importancia para sus negocios hacerse con el control del usuario en la App Store

Dejando esto a un lado, cuando despejamos la niebla que rodea el asunto de la App Store y sus supuestas prácticas monopolísticas, nos encontramos con el quid de la cuestión: quién controla al usuario. Porque quien lo tenga controlado, será el que pueda extraer más valor y podrá decidir sobre su futuro. Cuanto más pegado se está al usuario y menos intermediarios hay, mejor para compañías como Spotify o Hey. Para ellas, Apple es un intermediario a suprimir.

Un supermercado o un bazar: el modelo de la App Store

No es ningún secreto que a Spotify y muchos otros desarrolladores de cierto tamaño les gustaría tener un mayor control sobre su relación con el usuario. Uno que les permitiera decidir qué método de pago incorporar a sus apps. Comunicarse directamente con todos los usuarios que descargan sus apps. Tener en sus manos la experiencia al completo.

En la actualidad, eso no es posible. O al menos no en gran parte. La App Store se basa en un modelo de distribución tipo supermercado, donde Apple:

  • Conoce a cada uno de sus clientes, porque tienen cuenta y tarjeta de crédito en sus perfiles de usuario.
  • Los usuarios saben que al comprar una app no corren ningún riesgo (o este es mínimo) de estafa, robo de datos o cualquier perjuicio.
  • Cuando un usuario quiere descargar una app, anda por un pasillo determinado, coge en sus manos una de una estantería y si le gusta la mete en el carrito de la compra.
  • Al llegar a la caja, paga por la app o servicio o simplemente la obtiene gratis. Y se va a su casa a disfrutar de la app.
  • En caso de no estar satisfecho, debe volver al "supermercado" App Store y solicitar un reembolso (aquí Apple sí ha modificado las normas para hacerlos más sencillos).

Al igual que ocurre en un supermercado, quien tiene el control de toda la experiencia es el dueño. En este caso Apple. Los devs no intervienen para nada en el proceso de compra, salvo para destacar sus apps mediante anuncios en la App Store. De la misma manera que una marca de patatas fritas puede pagar a una cadena de supermercados para colocar un stand de cartón con sus bolsas de patatas que ocupe el frontal de una estantería (una práctica habitual aunque muy cara).

La App Store sigue más bien un modelo de distribución de apps parecido al de un supermercado, donde una única empresa gestiona la tienda y hace de intermediario entre desarrollador y usuarios

En el caso del supermercado, al igual que la App Store, el cliente no es de la marca o el desarrollador. A quien le "pertenece" es al propietario del establecimiento que distribuye los productos. Apps como Hey o Spotify lo que buscan es convertir el supermercado de la App Store en un bazar. Una calle abierta con tenderos a ambos lados no sujetos a una normativa o procesos comunes. Donde el tendero es la marca-app que decide:

  • Cómo realizas el pago.
  • Qué datos debes entregarle para hacer la transacción.
  • Cómo se custodian esos datos.

En este caso, la relación desarrollador-usuario es directa. No hay un intermediario que se entrometa si quiero darle a conocer promociones o manejar reembolsos. Pero tampoco hay seguridad en la transacción y surgen riesgos de robo de datos o estafas. Al igual que en un bazar te pueden dar dinero falso de vuelta (o cobrarte el doble que al cliente anterior si no eres espabilado).

Para un desarrollador con una marca lo suficientemente potente, la desconfianza por parte del usuario que surge en una App Store de tipo "bazar" desaparecen. Porque Netflix o Spotify no te van a estafar (o sufrir un hackeo), pero puede que una app nueva, desconocida o pequeña sí lo haga.

Un modelo insolidario para la App Store

Un modelo de App Store de tipo bazar solo beneficiaría a las apps de grandes compañías. Porque serían las que tienen una marca lo suficientemente conocida como para generar confianza en la transacción y soporte. Un papel que ahora ejerce la propia Apple en su App Store.

El resto de apps serían las perjudicadas. Sin un tamaño, popularidad o confianza suficientes, no podrían crear un sistema de pagos y comunicaciones con el usuario que fuera propio sin que eso levantase la desconfianza. Por no mencionar que sería un obstáculo importante a la hora de descargar apps nuevas (altas para probar apps que igual no merecen la pena, cuestiones de privacidad, etc.). Mientras que ahora el usuario paga a través de Apple, que ya tiene todos sus datos bancarios, una app con una pasarela de pago propia requeriría darse de alta.

La App Store de Apple tiene casi el doble de ingresos que la Play Store, a pesar de tener una cuota de mercado mucho menor.

Lo lógico sería recurrir a terceros, como proponen muchos que están en contra del modelo actual de la App Store. Que los desarrolladores pudieran elegir pasarela de pago, entre una propia o de un tercero (PayPal, Stripe e incluso la propia Apple). Aquí llega un efecto colateral de un modelo de distribución de apps basado en el bazar: la insolidaridad.

Lo que Spotify, Hey y otros demandan es tener una App Store de dos velocidades, donde las marcas reconocidas puedan usar sus propios sistemas de pago y control del usuario y donde los "devs" pequeños quedarían relegados

Los grandes desarrolladores contarían con un sistema de pagos propio, cuya potente marca blindaría su confianza y limaría los obstáculos. Suprimiendo toda comisión por transacción. Pero un desarrollador pequeño acabaría recurriendo a un tercero que sí cobraría una comisión. Sin duda, la opción de Apple sería la más elegida por el resto de devs por la confianza que genera su marca. Y con esa comisión se financiaría la propia App Store.

En otras palabras, los grandes desarrolladores se aprovecharían de todo el tráfico que genera la App Store como centro de distribución. En una plataforma que además es mucho más rentable que la Play Store de Google. Sin dar nada a cambio a la plataforma, que quedaría financiada por los pequeños y pasaría a ser deficitaria casi con seguridad.

Proporcionar una supuesta "libertad" a los desarrolladores suena bien sobre el papel; la realidad es que solo saldrían ganando los grandes a costa de los pequeños. Y Apple permanecería atrapada con una App Store fuera de su control.

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