Un mapa del tesoro hacia el Macintosh

Un mapa del tesoro hacia el Macintosh

Antes de convertirse en un icono, el Macintosh fue un extraño cruce entre placas, trucos de ingeniería y un Apple II a medio hacer. Esta es la historia de la noche en que cobró vida.

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Pedro Aznar

Director

Aquel Good Earth de Cupertino tenía reputación de restaurante vegetariano, aunque en realidad preparaban prácticamente cualquier plato si ninguna opción del menú te convencía. Hablamos de comienzos de 1980, cuando la gastronomía oriental y latina era la que realmente triunfaba en la zona. Al parecer, también era uno de los establecimientos favoritos de muchos niños del lugar y, durante los fines de semana, se llenaba de familias. El área de Stevens Creek Boulevard era bastante multicultural, y el restaurante logró adaptarse rápidamente a los gustos y preferencias de sus nuevos clientes. Entre ellos se encontraban los empleados de una joven compañía que acababa de instalarse allí: Apple Computer. Aquella fue su primera sede corporativa ubicada en un edificio.

La anterior había sido un garaje, situado en la casa de los padres de Steve Jobs.

Después del trabajo

Mapa Tesoro Macintosh Aps 000 Hertzfeld y Burrell, siendo muy Hertzfeld y Burrell, en los ochenta

Andy Hertzfeld apresuraba su cena con un último plato contundente después de otro día intenso en aquellas nuevas oficinas de Apple (llamadas Edificio Good Earth precisamente por la proximidad del famoso restaurante). En aquella primera planta corporativa se estaba fraguando el Macintosh, aunque no era precisamente tal como lo recordamos hoy en día. Aquello era más bien un rudimentario monitor monocromo conectado a algunas placas encima de una mesa. A su lado, un Apple II completamente mutilado y conectado a aquel prototipo de alguna forma.

El prototipo del primer Macintosh fue la mezcla entre un Apple II y algunos trucos de ingeniería sorprendentes

Burrel Smith se pasó prácticamente todas sus vacaciones de navidad en 1979 trabajando en la placa base de aquel nuevo ordenador. En Enero de 1980, ya tenía un prototipo básico de lo que quería construir, aunque todavía no era el ordenador todo-en-uno en el que acabó convirtiéndose. En realidad utilizó elementos de un Apple II para crear la visión original de Jeff Raskin: un procesador Motorola 6809E, 64K de memoria y lo más importante para aquel nuevo invento, un sistema de representación de gráficos con una resolución de 256x256.

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Los gráficos debían convertirse en la capital de aquel nuevo país que Apple quería enseñar al mundo y Burrell estaba completamente loco. En lugar de crear el prototipo de cero, hackeó aquel Apple II para que pudiera entenderse con lo que estaba construyendo de un modo que maravillaría al mismísimo Wozniak. "La forma en la que lo consiguió fue una completa locura." ha dicho Hertzfield alguna vez.

Todo aquello era tan nuevo, y tan jodidamente raro, que ni siquiera el propio Burrell sabía hasta dónde había llegado exactamente. Sospechaba que el prototipo podía mostrar gráficos complejos por pantalla, pero aún necesitaba escribir el software necesario para ello. En un papel cualquiera, escribió las direcciones de memoria reservadas para almacenar las imágenes que necesitaría aquel sistema. Como quien dibuja las instrucciones para encontrar un tesoro.

El mapa del tesoro

Mapa Tesoro Macintosh Aps 002 Esta es la hoja original con las direcciones de memoria para el prototipo del primer Macintosh, según Folklore.org

Algunos trabajadores de Apple regresaban a la oficina después de cenar para avanzar en proyectos personales: muchos de ellos terminaron formando parte del Macintosh

Hertzfeld estaba tan fascinado por todo aquello que, algunas noches, después de cenar en Good Earth, regresaba a las oficinas de Apple para descubrir en qué trabajaban sus compañeros. Varios desarrollaban proyectos personales y a él le encantaba conocerlos. En ocasiones creemos que las innovaciones surgen de procesos empresariales cuidadosamente planificados, estudiados y definidos en una hoja de ruta. Sin embargo, no siempre sucede así: las ideas geniales nacen con mayor frecuencia de esos mapas del tesoro trazados en una hoja cualquiera que termina en manos de la persona adecuada.

Hertzfeld regresaba por las noches a Apple, fascinado por los proyectos personales de sus compañeros

Esa misma noche, Andy estuvo programando el software necesario para poner a prueba aquel prototipo y conseguir cargar la primera imagen en un Macintosh. El problema era que, por entonces, no resultaba habitual disponer de una imagen escaneada para hacer pruebas. Gracias a un proyecto anterior, Bob Bishop (otro auténtico mago del software) conservaba decenas de imágenes digitalizadas del pato Donald. Hertzfeld escogió una del tío Gilito sentado sobre una montaña de dólares (¿una premonición?) que, por algún motivo, le pareció divertida.

Mapa Tesoro Macintosh Aps 003 Una imagen muy similar a esta fue la primera que se mostró en el primer Macintosh

Hertzfeld no había reparado en que el prototipo no tenía controladora de disco para guardar los cambios: tenía que solucionar aquello o todo el trabajo se perdería para siempre...

Se imaginó la expresión de Burrell al llegar a la oficina al día siguiente y descubrir que el proto-Macintosh mostraba una imagen en la pantalla, lo más cercano a un milagro informático que podía concebir. Sin embargo, aquel pequeño Frankenstein todavía no contaba con controladora de discos, por lo que era incapaz de cargarla. ¡Qué desastre! No podía apagar el ordenador después de todo el trabajo realizado durante la noche porque, sencillamente, desconocía cómo reiniciar aquella disparatada máquina de Burrell y conseguir que todo arrancara correctamente sin eliminar nada.

Hertzfeld podía perder todo el trabajo porque el prototipo del Macintosh no tenía controladora de disco. Cliff Houston propuso la arriesgada solución: instalar una tarjeta controladora sin apagar la máquina

Entonces apareció el héroe de aquella noche legendaria: Cliff Houston, que observaba desde su mesa en la oficina las dificultades de Hertzfeld. "Le expliqué lo que ocurría y no podía creerlo. ¡Una sonrisa apareció en su rostro!". Houston le aseguró que podía instalar una tarjeta controladora de discos sin apagar aquella máquina, algo que en una época todavía muy alejada del plug-and-play parecía prácticamente ciencia ficción o auténtica brujería.

Todo o nada

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"Tengo que hacerlo con extrema precaución: si no inserto la tarjeta correctamente, podría cortocircuitar la placa." La cara de Andy mostraba algo más que preocupación: se la jugaba a todo o nada. Si Cliff no lo hacía a la primera, ya no sólo podía perder su trabajo con los gráficos, podría incluso arruinar el prototipo de Burrell. Pero aquello era Apple, y os recuerdo que aquella gente estaba benditamente loca, así que lo hicieron.

Y funcionó. A la primera.

De hecho, funcionó tan bien que incluso le sobró espacio extra debajo de la imagen para añadir el texto "Hola Burrell!" en una de aquellas primera fuentes proporcionales del sistema. Y lo dejó encendido, iluminando tenuemente aquellas oficinas de la noche que estamos recordando hoy, celebrando el 36 aniversario del Macintosh.

Un arriesgado experimento técnico, realizado a la primera, demostró el potencial del Macintosh y convenció a Apple de que el proyecto podía cambiarlo todo

Algunas genialidades no nacen de complicados procesos corporativos, sino de la auténtica pasión por tener un plan para cambiar las cosas y la locura para llevarlo a cabo

Cuando volvieron al día siguiente, un excitadísimo Burrell no paraba de enseñar aquella imagen a todo el mundo. Aquello era como aterrizar en la luna a la primera. No podía creer lo que veía. Tom Whitney, el vicepresidente de ingeniería en Apple responsable del proyecto entendía que aquello podía cambiarlo todo. Ese fue uno de los momentos en los que el proyecto Macintosh comenzó a ser realmente posible. Un día cualquiera, después de una cena en el Good Earth.

"Steve Jobs tiene que ver esto."

El resto del mundo lo hicimos el 24 de Enero de 1984. Y conocimos por qué 1984 no fue como "1984".

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