En 1991, un astronauta mandó un email desde el espacio con un Macintosh Portable que pesaba siete kilos y costaba más de seis mil dólares. En 2026, un iPhone 17 Pro Max viajó a la Luna en el bolsillo de un traje espacial. Entre medias hay cuarenta años de historia.
El Apple II que nunca salió del planeta
Antes de que Apple pusiera nada en órbita, ya estaba dentro de la NASA. Los Apple II llegaron a los laboratorios de la agencia a principios de los ochenta, cuando el microordenador empezaba a colarse en los flujos de trabajo de ingeniería.
Los técnicos los usaban en tierra para operaciones de soporte y pruebas durante los primeros años del programa Space Shuttle. Nunca llegaron a volar. Pero pusieron a Apple en la ecuación. Lo que vino después fue un Mac. Y ese sí llegó al espacio.
El Mac a pedales que mandó el primer email desde el espacio
El Macintosh Portable era, por decirlo con cariño, un portátil muy poco portátil. Pesaba siete kilos. Tenía una trackball. Costaba más de seis mil dólares. Y la NASA lo mandó al espacio. El ordenador voló en el Transbordador a principios de los noventa, vinculado a las misiones STS-41 y STS-43, como parte de un experimento de interacción humano-ordenador.
Los ingenieros querían saber cómo los astronautas usaban interfaces gráficas en microgravedad: si el cursor se controlaba igual sin gravedad, si el trackball respondía como se esperaba. La respuesta fue que no. Tuvieron que modificar el mecanismo porque la bola no se comportaba igual flotando.
Pero el trackball rebelde pasó a segundo plano cuando alguien conectó el Mac a un módem con el software AppleLink y probó a mandar un email desde el espacio. Era la misión STS-43. El año, 1991. El mensaje que enviaron a la Tierra decía, textualmente:
¡Hola, Tierra! Saludos de la tripulación del STS-43. Este es el primer AppleLink desde el espacio. Pasándolo GENIAL, ojalá estuvierais aquí... Hasta la vista, baby... ¡volveremos!
El primer email mandado desde el espacio tenía un guiño a Terminator 2. No hay forma de que eso no sea lo mejor de toda esta historia.
Un PowerBook dentro de un experimento científico
Dos años después, en octubre de 1993, la NASA fue un paso más allá. El PowerBook 170 voló en la misión STS-57 como parte de un proyecto llamado "PI-in-a-Box", que sonaba a cosa de piratas, pero era en realidad una herramienta para que los astronautas pudieran gestionar experimentos científicos en tiempo real sin depender de tierra.
El experimento estudiaba el mareo espacial: cómo el cerebro procesa los conflictos entre lo que ven los ojos y lo que siente el oído interno dentro de un domo giratorio. El PowerBook era el cerebro del asunto: los astronautas interactuaban con él para ajustar y monitorizar el experimento mientras lo hacían.
La NASA lo tenía bajo un control muy estricto, conectado al sistema SpaceLab a través de un puerto serie que actuaba de cortafuegos entre el Mac y los sistemas del Transbordador. Apple suministró los equipos. Y entonces los estándares de certificación se endurecieron y el Mac desapareció del espacio durante más de una década.
El iPod también tuvo parte de su historia
En 2006, sin demasiado ruido, Apple volvió al espacio. No con un ordenador. Con un iPod. Las imágenes de la NASA de ese año muestran un iPod de quinta generación a bordo de la Estación Espacial Internacional. No había ningún experimento detrás. Era el reproductor personal de algún astronauta que lo metió en la maleta como lo habría hecho cualquiera antes de un viaje largo. En la ISS, el ruido de fondo era ensordecedor: ventiladores, sistemas de ventilación, maquinaria. Un iPod con auriculares era, probablemente, una de las pocas formas de desconectar.
El iPhone 4 en el último vuelo del Space Shuttle
En julio de 2011, la NASA lanzó la misión STS-135, el último vuelo del programa del Space Shuttle. En la bodega iban, entre otras cosas, dos iPhone 4. No eran para hacer fotos de recuerdo. Los teléfonos llevaban una aplicación personalizada llamada SpaceLab que convertía los sensores del teléfono (cámara, giroscopio y acelerómetro) en instrumentos de medición.
Los astronautas los usaron para estimar altitud y orientación fotografiando la Tierra y para calibrar sensores y recoger datos. Sin conexión con los sistemas de la nave, sin papel en operaciones de vuelo, aislados y controlados.
Era una prueba de concepto. El resultado fue que un smartphone comercial podía hacer cosas útiles en el espacio si lo controlas bien. Nadie imaginó entonces que llevaría quince años aplicar esa lección a una misión lunar.
El iPad que mató las carpetas de papel
En los primeros años de la década de 2010, el iPad entró en la ISS con una misión: sustituir los manuales impresos. Los astronautas llevaban décadas consultando procedimientos de emergencia en papel. Actualizar esos manuales significaba imprimir revisiones en órbita o subirlas en el siguiente cohete. Caro, lento y poco práctico.
Un documento técnico de la NASA de 2012 evaluó el iPad como "electronic flight bag" para la estación. Los astronautas accedían a procedimientos actualizados directamente en el dispositivo mientras los equipos en tierra revisaban la documentación en digital. El papel se quedó como copia de seguridad obligatoria. El iPad se quedó como herramienta de trabajo habitual.
Y entonces un iPhone 17 Pro Max se acercó a la Luna
Y entonces llegó Artemis II. La NASA aprobó los iPhone como dispositivos personales de la tripulación, con Wi-Fi y Bluetooth desactivados y conectados a través de la red interna de la cápsula Orion. Los teléfonos iban sujetos con Velcro. Durante el despegue y la reentrada, dentro de los trajes o guardados en el habitáculo. Sin acuerdo comercial con Apple, sin campaña de marketing detrás. Los iPhone estaban ahí porque pasaron los procesos de certificación y los astronautas querían, o ya tenían, uno.
La fotografía con zoom x8 a la Luna
Selfie desde un iPhone 17 Pro Max
La tripulación volvió con fotografías que difícilmente se van a olvidar: la Tierra desde la órbita lunar, la Luna de cerca. Tim Cook las vio, felicitó públicamente a la tripulación y compartió las imágenes. La NASA las distribuyó. El mundo las publicó. Y todo eso salió de un iPhone 17 Pro Max. Apple lleva años invirtiendo en su campaña Shot on iPhone. La mejor entrega de su historia no ha salido de ninguna sesión profesional de fotos.
Un iPhone 17 Pro Max introduciéndose en el traje
Cuarenta años después de que un Apple II ayudara a los ingenieros de la NASA a hacer su trabajo en tierra, un iPhone 17 Pro Max lleva las fotos de cuatro astronautas a su vuelta por la Luna. Si en cuatro décadas hemos pasado de un ordenador de siete kilos en un Transbordador a un iPhone en la órbita lunar, cuesta imaginar dónde termina esto. O más bien: no termina.
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