Cuando compras un dispositivo hoy, viene con batería gracias a Apple: cómo un empeño de Steve Jobs cambió la forma en la que se vendían los dispositivos

Cuando compras un dispositivo hoy, viene con batería gracias a Apple: cómo un empeño de Steve Jobs cambió la forma en la que se vendían los dispositivos

Parecía una locura que encarecería el coste de producción, pero garantizaba la mejor experiencia de usuario

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Steve Jobs Iphone
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Álvaro García M.

Editor

Damos por hecho que cualquier móvil, tablet o portátil se pueda encender nada más salir de la caja. Quitamos su plástico, pulsamos un botón y esperamos esa primera animación de bienvenida. Y eso sucede porque viene con batería, sea mucha o poca.

Pero esto no siempre fue así, ya que durante un tiempo lo normal era justo lo contrario. Sacábamos el producto de la caja y lo enchufábamos a la corriente un buen rato hasta que podíamos usarlo. Esa pausa mataba la emoción del estreno. Fue Apple, con el iPod y el empeño de Steve Jobs, quien decidió cambiar todo eso.

Antes del iPod, la espera era parte de la experiencia

Regleta Con Enchufes Imagen: Kit en Unsplash

Hasta principios de los 2000, la era del iPod, los dispositivos electrónicos con batería recargable tenían una especie de "ritual de iniciación". Los sacabas de la caja, hojeabas el manual y, mientras tanto, te resignabas a dejarlos enchufados un buen rato antes de poder hacer nada. Era incómodo, pero todos lo aceptábamos como algo normal.

Los fabricantes probaban los dispositivos en fábrica, sí, pero lo justo para comprobar que funcionaban. Unos minutos de test, batería mínima y listo. El resto de la carga corría a cuenta del usuario, que se convertía, sin saberlo, en la última fase del proceso de producción. La industria se había habituado a ese pequeño sufrimiento del cliente.

Ese es precisamente uno de los detalles en los que se fijaban hombres como Steve Jobs. Porque es verdad que ese ritual de carga no afectaba a las especificaciones técnicas y era un problema invisible. Pero empeoraba indudablemente la primera impresión con el dispositivo.

Steve Jobs y la obsesión por las primeras impresiones

Tal y como relató Tony Fadell en el libro 'Build', siendo este uno de los considerados padres del iPod, cuando Apple estaba diseñando el reproductor, Steve Jobs tenía una idea muy clara: la experiencia tenía que sentirse casi mágica desde el primer segundo. No bastaba con un bonito diseño o grandes capacidades a posteriori. Todo empezaba con la caja recién abierta.

Los iPod debían venir ya con batería de fábrica cuando el cliente lo abriese, pero la tecnología de la época jugaba en contra. Los dispositivos con disco duro necesitaban pasar por un proceso de validación en fábrica y salían con la batería prácticamente vacía. Pero Jobs no estaba dispuesto a aceptar que fuese así.

Su exigencia, según Fadell, fue radical: los iPod debían salir de la línea de producción con la batería cargada. Al menos lo suficiente como para que pudiese encenderse y al usuario le diese tiempo a configurarlo y ver sus capacidades antes de su primera recarga.

El detalle que quería Jobs era absurdo desde el punto de vista industrial

Eso implicaba que, en vez de hacerlos funcionar unos minutos en fábrica, había que tenerlos activos más de dos horas cuando se acabasen los test. Y claro, eso era un problema, ya que el tiempo y los recursos necesarios se disparaban. Por eso surgieron quejas por parte de los equipos de las fábricas.

Desde el punto de vista industrial, aquella idea de Jobs no tenía ningún sentido. Pero desde la mirada de alguien obsesionado con los detalles y una buena experiencia de principio a fin, aquello era fundamental.

De sobreesfuerzo económico a norma industrial

Steve Jobs Ipod Steve Jobs presentando el iPod original en 2001

Como ya explicábamos, la decisión de cargar completamente cada iPod en la fábrica no era un algo barato. Detrás de la sensación de "lo saco de la caja y ya funciona" había horas extra de uso en la cadena de montaje, consumo energético añadido y un control de calidad más largo y complejo.

Lo interesante es que esa carga extra no solo serviría para que la batería llegara llena. También implicaba que el dispositivo se podría probar más a fondo. Si el iPod aguantaba esas horas iniciales funcionando en fábrica, era menos probable que fallara al cliente. El sobrecoste de producción traía al final una consecuencia positiva en cuanto a fiabilidad.

Y así, lo que empezó como un capricho de Steve Jobs, acabó marcando una nueva norma. Y no solo en Apple. Una vez que el iPod ofreció esa experiencia de "listo para usar nada más abrir", el listón se elevó para todos. Porque cuando el usuario se acostumbra a algo mejor, es muy difícil hacerle volver atrás.

Hoy en día, prácticamente ningún dispositivo llega "muerto" a las manos del cliente. A veces con menos batería, otras con más, pero siempre con un mínimo. De ese modo el usuario final no se resigna a tener que esperar un buen rato para poder usarlo. Que para algo lo ha pagado. Y en el caso de Apple, no por un precio bajo precisamente.

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