Resuelto el misterio del cuadro pintado en 1860 de una chica con un iPhone titulado 'La Esperada'

Cuadro de La Esperada
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Ferdinand Georg Waldmüller, pintor y escritor austriaco conocido por sus retratos, es el autor de esta pintura peculiar de una joven caminando por un pequeño camino de tierra entre árboles. En principio no hay nada raro en la imagen, hasta que miras a sus manos y ves... ¿un iPhone?

Cada cierto tiempo aparece un cuadro, una pintura, o una foto de hace 100 años en la que se vislumbra un dispositivo que era materialmente imposible que existiese en esa época. Muchos fans de las teorías de la conspiración, e incluso el propio Tim Cook, las utilizan para justificar la existencia de viajeros en el tiempo, pero no podrían estar más lejos de la realidad.


No es un iPhone, pero nuestro cerebro nos hace creer que sí

Lo que sucede en estas imágenes es, fundamentalmente, fruto de la poca resolución de las cámaras de antes y la falta de claridad en pinturas, una dosis de sesgo confirmatorio y costumbre. Es exactamente lo que sucedió con el cuadro de “La Esperada”, en el que muchos afirman ver un iPhone en manos de una niña que va caminando por el monte.

El sesgo de confirmación es una tendencia natural que tenemos todos y que nos lleva a darle mayor valor a aquellas teorías, datos y tesis que refuercen una idea que previamente teníamos en la cabeza. Por ejemplo, si creemos que la situación económica de España está bien, de presentársenos dos gráficos completamente opuestos relacionados con la materia, tenderemos a dar mayor credibilidad a aquel que diga que, efectivamente, la economía va bien, mientras que despreciaremos en gran medida el otro.

Esto sucede en todos los aspectos de la vida. Cuando se nos presenta un cuadro como este en el que parece que pudiera haber un iPhone, en el fondo queremos que lo haya. Eso sería lo interesante. Lo “morboso”. Esperamos que sea cierto, y por tanto tenemos ese sesgo del que hablábamos, y cada vez que lo miramos tenemos más claro que es un teléfono de Apple.

Aquí se da también una cierta conjunción de astros, en tanto que es cierto que la chica tiene puestos los dedos sobre ese objeto misterioso como si estuviese utilizando un teclado para enviar un WhatsApp. Estamos tan acostumbrados a hacerlo, que ver esa postura de manos automáticamente hace que nos venga a la cabeza el escribir en un iPhone, lo que favorece aún más nuestro sesgo de confirmación.

Lamentablemente para todos los que esperaban que efectivamente se tratase de un iPhone y el mundo entrase en caos, no lo es. Parece ser que lo que lleva esta chica en las manos es un pequeño libro de oraciones yendo de camino a misa. Era bastante habitual en la época, y sigue siéndolo, sobre todo para los más jóvenes, que todavía no se saben todas las plegarias y se las llevan apuntadas para poder seguir su rito religioso con normalidad. 

En propio director de la galería, Gerald Weinpolter, ha aclarado a Vice que no es un smartphone ni nada que se le parezca. "La niña de este cuadro de Waldmüller no está jugando con su nuevo iPhone X, sino que se dirige a la iglesia con un librito de oraciones en las manos". Habría sido muy interesante que estuviésemos ante un iPhone, pero lamentablemente en esta ocasión no ha podido ser.

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