¿Os acordáis de cómo era el mundo de las aplicaciones móviles antes de la llegada del iPhone y de la App Store? Todo se reducía a esos anuncios de politonos, sonitonos y juegos simples rescatados de consolas antiguas que se emitían en los intermedios de Los Simpsons.
Con la explosión de las aplicaciones de la AppStore (por cierto, ya hay más de un cuarto de millón de aplicaciones disponibles en la tienda), ha habido un nuevo filón de oro para ciertas personas: los desarrolladores. Mientras antes tenías que partir de una base con muchos recursos para hacer dinero con un producto, ahora hay personas que incluso siendo menores de edad sólo han necesitado una buena idea para poder triunfar.
Un buen ejemplo de ello es el juego Angry Birds, desarrollada por la finlandesa Rovio, compañía fundada por tres estudiantes universitarios en el 2003. ¿Quién iba a decirles a esos tres estudiantes que su aplicación iba a conseguir más de 6,5 millones de descargas sin gastarse ni un duro en publicidad?










