Hasta fabricar en Estados Unidos depende en buena parte de China. Así lo recordaba uno de los ingenieros que participó en la producción del Mac Pro en Texas en 2019. Un proyecto que, según varios empleados de Apple citados en el libro 'Apple en China', acabó convirtiéndose en una de las experiencias más complicadas que vivieron dentro de la compañía.
La historia resulta especialmente llamativa porque, mientras la producción se enfrentaba a diversos problemas internos, Donald Trump visitó la planta en 2019, en su primer mandato, junto a Tim Cook. Allí presentó aquella fábrica como un ejemplo del regreso de la fabricación de Apple a Estados Unidos. La realidad era bastante distinta.
"El peor proyecto en el que he trabajado en Apple"
Fábrica de Flex en Austin (Texas) en 2013 | Imagen: Apple
El origen del proyecto se remonta varios años antes de la famosa visita de Trump. Más en concreto en 2013, ya que durante la campaña presidencial entre Barack Obama y Mitt Romney, Apple recibió numerosas críticas por fabricar sus productos fuera de Estados Unidos.
Como respuesta, la compañía decidió abrir un campus en Austin con plantas de fabricación que a la postre permitiría producir el Mac Pro de la mano de Flex, una empresa especializada en fabricación.
Sobre el papel, el Mac Pro parecía un candidato ideal. Era un ordenador de alto precio y bajo volumen de ventas, así que el riesgo parecía bastante bajo. Sin embargo, la realidad fue mucho más complicada. Varios ingenieros de Apple describieron aquella experiencia con calificativos poco habituales dentro de una empresa acostumbrada a presumir de la excelencia.
De hecho, se ha llegado a catalogar aquel proceso como "un fiasco absoluto". Alguno incluso asegura que fue el peor proyecto en el que participó como trabajador de Apple. Lo describen como algo "doloroso" y "embarazoso" desde el principio y de forma constante a medida que se avanzaba la producción.
A años luz del ritmo de China
Fábrica de Foxconn en China | Imagen: Apple
Los primeros problemas aparecían incluso en tareas aparentemente sencillas. Uno de los ingenieros explicaba que Apple estaba acostumbrada a utilizar tornillos y piezas de fijación diseñados específicamente para cada producto. En China, si descubrían que una pieza necesitaba una pequeña modificación, bastaba una llamada para disponer de miles de unidades al día siguiente.
En Texas ocurría justo lo contrario. Conseguir esa misma pieza podía llevar alrededor de dos meses, lo que ralentizaba todo el proceso de desarrollo del ordenador. Tampoco la relación con proveedores locales resultó sencilla.
Apple en China: La captura de la mayor empresa del mundo (TÍTULOS ESPECIALES)
En el citado libro se relatan las negociaciones de medio año con Texas Instruments para mantener las mismas condiciones que Apple obtenía en China. A ellas se le sumaban otros retrasos para conseguir materiales como el aluminio que se utilizaba para el acabado de la carcasa del Mac Pro.
La diferencia de ritmos también llamaba la atención de quienes trabajaban en la planta y sabían cómo se trabajaba en las de China. Uno de los empleados de Flex llegó a reconocer ante un ingeniero de Apple que todos eran conscientes de la frustración existente porque ellos no podían trabajar "a velocidad de China".
La solución tuvo que llegar de China
Finalmente, Apple consiguió sacar adelante la fabricación del Mac Pro en Texas, aunque no exactamente de la forma que muchos imaginarían. Uno de los ingenieros resumía el desenlace con una frase tan breve como reveladora: "Tuvimos que traer a gente de China en avión para solucionarlo". Ni más ni menos que a trabajadores de Foxconn.
Esta empresa es la que durante décadas ha sido (y sigue siendo) la socia principal de Apple en China. Es la que ofrece no solamente la mano de obra en países asiáticos (también están ahora en India), sino que también aporta a cientos de trabajadores especializados en el ensamblaje de sus dispositivos.
Patrick McGee, autor de 'Apple en China', subraya la paradoja de aquella situación. Apple, después de pasar más de una década enviando a sus propios ingenieros a China para formar a los equipos que fabricaban sus dispositivos, terminó necesitando llevar ingenieros chinos a Estados Unidos para completar un proyecto. Uno que, para más inri, pretendía demostrar la capacidad de la compañía en la fabricación en suelo estadounidense.
Michael Hillman, que trabajó durante 15 años en Apple, resumía el problema desde otra perspectiva. Explicaba que la compañía seguía sabiendo cómo fabricar productos complejos a gran escala. Lo que ya no tenía era otro lugar capaz de ejecutar esos planes con la misma eficacia. Todo ese conocimiento industrial, los procesos, la cadena de suministro y la capacidad para producir millones de dispositivos se encontraban concentrados en China.
La visita de Trump y la reconversión de la realidad
En noviembre de 2019, Tim Cook acompañó a Donald Trump durante una visita a la planta de Texas. Tras el recorrido, el presidente aseguró públicamente que había inaugurado una gran fábrica de Apple que devolvería empleos industriales a Estados Unidos. No era cierto.
La planta técnicamente pertenecía a Flex, no a Apple. Además, no estaba siendo inaugurada en aquel momento, sino que había estado varios años ya en funcionamiento preparando el Mac Pro que, eso sí, no vería la luz oficialmente hasta ese 2019.
Tal vez Trump no supiera de esta realidad, aunque tampoco nadie de Apple le corrigió entonces. Sin embargo, esta experiencia parece haber sido suficiente para lastrar las peticiones que el presidente lanzó al inicio de su segundo mandato, cuando volvió a pedir que Apple fabricase los iPhone en suelo estadounidense en plena guerra arancelaria con China.
Apple ya había descartado aquello hace años y volvió a hacerlo entonces. Lo que sí hicieron fue diversificar más la producción sacando buena parte de China, un plan que en realidad lleva años ejecutándose. India fue el país elegido y del que ya salen la mayoría de iPhone que se venden en Estados Unidos.
Aunque al igual que en Estados Unidos, China sigue jugando un papel crucial en cuanto a traslado de maquinaria y empleados. Eso sí, los problemas que surgen se resuelven mucho antes por la cercanía del país con China y otros países asiáticos de los que provienen todos los componentes del iPhone.
Imagen de portada | Associated Press
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