
Microsoft ha puesto todas sus cartas sobre la mesa con la beta pública de Windows 8, un sistema operativo que promete devolverle el protagonismo perdido ante el envite de Apple y Google, haciendo bastante más interesante una partida demasiado polarizada en estos jugadores. En mi opinión, la mayor aportación de los chicos de Redmond tanto con Windows 8 como con Windows Phone 7 es la demostración empírica de que se puede innovar, de que existe más de una solución para las interfaces táctiles, y solo hay que superar el conformismo que supone limitarse a copiar al líder para atraverse a buscarla.
Windows 8 no es la panacea, no me entendáis mal. Tiene flecos que Microsoft está a tiempo de pulir y otros que no, aspectos de diseño que enamorarán a unos y disgustarán a otros, y sobre todo, plantea preguntas que tan solo el tiempo responderá y que en gran medida determinarán su éxito. Sin embargo, goza de suficientes ases como para que nos paremos a desgranar algunas cosas de las que Apple tendrá que tomar nota si no quiere quedarse atrás.








