He pasado de un iPhone Pro Max a un “simple” Pro, estos son mis motivos para renunciar al grande

He pasado de un iPhone Pro Max a un “simple” Pro, estos son mis motivos para renunciar al grande
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Año nuevo, curso nuevo, y con él, la decisión de qué iPhone escoger. Tras una cierta deliberación y sopesando bien cada paso (que ya conté en el podcast Loop Infinito), decidí que el iPhone 14 Pro sería el elegido esta vez.

La duda principal estaba entre si repetir con el formato Max y su gran tamaño —y su descomunal batería—, o si en cambio era el momento de recular y volver a un tamaño mucho más manejable, pero con sacrificios por el camino. Y contra todo pronóstico, especialmente el de mi entorno, que casi me exigía anclarme en el Max, acabé optando por ese tamaño "pequeño".

No solo manejabilidad

A estas alturas del partido tengo un axioma claro: a los seres humanos nos encantan las grandes pantallas, pero no los grandes teléfonos. Lo segundo es un peaje irremediable para lo primero, y quizás por ello hay fabricantes apostando por los plegables.

Nos gusta tener una gran experiencia multimedia, ver vídeos con buen detalle o navegar con un mapa que parece de papel. Y nos encanta llegar a la hora de dormir con mucho margen en la autonomía. Sin embargo, no nos encanta tanto tener un dispositivo a priori de bolsillo que mide más de 16 centímetros de alto. Es, simplemente, un sacrificio.

Para las personas que priorizan esa manejabilidad no hay opción Max, pero para quienes apreciamos tanto una manejabilidad razonable como las ventajas inherentes al gran formato, las dudas son frecuentes. Y en esas nos vemos a la hora de escoger.

La decisión de un 14 Pro, sin más apellidos, tiene contrapartidas como una peor experiencia multimedia y una autonomía sensiblemente menor (en torno a un 20% según los datos ofrecidos por Apple). No obstante, le vi alguna ventaja.

  • La mencionada mayor manejabilidad. Para alguien que hace deporte con frecuencia y a menudo va en metro o a pie, no solo en coche, es un punto clave: a una mano, 6,1 pulgadas son más amigables.
  • Una menor adherencia. Hacer scroll de forma inconsciente, adictiva, es el nuevo fumar un cigarro por pura costumbre. Tener una pantalla menos adictiva para encadenar vídeos o juegos puede ser una ayuda de cara a priorizar el ocio de cierta calidad. Ver una película, leer un libro o jugar a un videojuego en la consola suena mejor que encadenar cientos de vídeos cortos sin profundidad ni trascendencia.
  • La Dynamic Island. Merece mención específica: con ella siendo interactuable, aunque no lo sea tan a menudo como pueda parecernos (lo será en cualquier caso con más frecuencia tras iOS 16.1 y sus 'actividades en vivo'), nuestro pulgar agradecerá tenerla a menor distancia que si hubiésemos optado por las 6,7 pulgadas.

La autonomía, en cualquier caso, ha ganado mucho para la familia Pro desde el año pasado. Hasta el iPhone 12 Pro, renunciar a un Max podía tener más consecuencias. Desde el 13 Pro, en cambio, se han arañado unas horas de autonomía que son la diferencia entre poder acabar el día en condiciones, o no.

El tiempo dirá si acabo echando demasiado de menos las bondades de las 6,7 pulgadas y si debería aprender una lección para los próximos años: siempre Max. O si en cambio, me convence recuperar la manejabilidad y no castigar demasiado los pulgares.

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