La tercera temporada de 'For All Mankind' nos aleja de la realidad y se adentra en un futuro de ciencia-ficción lleno de incógnitas
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La tercera temporada de 'For All Mankind' nos aleja de la realidad y se adentra en un futuro de ciencia-ficción lleno de incógnitas

Toda serie de cierta calidad transmite un mensaje. Y cómo se transmite ese mensaje determina si esa serie se ha hecho con cierto cariño, o si se ha hecho de forma torpe. Descubres que una serie es excepcional cuando el mensaje que transmite se hace casi sin querer, de forma sutil pero efectiva. Es lo que está pasando con 'For All Mankind'.

Unos 90 que en nuestra realidad no veremos hasta dentro de varias décadas

Los dos primeros capítulos de la tercera temporada ya te dejan claro lo que empiezas a adivinar en la segunda. Mientras que la primera temporada ocurre en unos años 70 alternativos en los que las diferencias entre su universo y el nuestro con pocas, la segunda temporada y sus años ochenta ya empiezan a mostrar cambios más grandes: coches eléctricos, base permanente en la luna o la militarización espacial ya son conceptos que en nuestro 2022 aún quedan muy lejos; pero al menos seguíamos reconociendo algo de nuestros años 80 en la serie.

Pero en la tercera temporada de 'For All Mankind' entramos en unos años noventa que ya están bastante alejados de nuestra realidad. A medida que pasa el tiempo, esta historia alternativa se va alejando de la real y la ciencia-ficción tiene cada vez más peso. Poco a poco la serie se va alejando más de lo que reconocemos y entra en un terreno de imaginación mas libre.

Y así, en 1992 ya existe el turismo espacial en un hotel orbitando la Tierra, ya hay empresas privadas que quieren llegar a Marte antes que la propia NASA o la URSS, la energía nuclear limpia alimenta al mundo y los Apple Newton pueden hacer llamadas FaceTime con personas que trabajan en la Luna.

En la realidad de 'For All Mankind', ser astronauta es ser más que un héroe: es ser un conquistador espacial

Como la carrera espacial no ha terminado, ser astronauta es una carrera de mucho éxito que puede llevarte fuera de la Tierra mucho más fácilmente que en el mundo real. Y es un trabajo tan prestigioso, tan heroico, que en cuanto vuelves lo tienes fácil para poder hacer carrera política. No en vano una de las astronautas de las misiones lunares de las dos primeras temporadas es ahora la rival de Bill Clinton en las elecciones estadounidenses.

El mensaje del que hablo no son todos estos avances en sí mismos, si no en cómo la presión por avanzar tecnológicamente antes que la superpotencia rival provoca también avances en la sociedad. Mujeres en cargos altísimos, comandantes y CEOs de color... no estamos precisamente en un mundo donde reina la concordia (las tensiones USA-URSS son más fuertes que nunca), pero por otro lado se resuelven problemas que aquí aún sufrimos como las emisiones o el desabastecimiento de la energía.

Un simple cambio, una simple chispa que fueron los rusos llegando antes que los americanos a la luna es lo que provoca todo esto. Se nos da a saber que cualquier pequeño cambio puede hacer que a la larga todo cambie profundamente. Si en 1992 ya se presentan planes para ir a Marte, en 2022 a lo mejor ya tendríamos bases permanentes en las lunas de los gigantes gaseosos del sistema solar.

Alrededor de todo este mensaje tenemos las ya clásicas rivalidades entre compañeros, y las dificultades que supone viajar a un planeta que aunque sea nuestro vecino está a centenares de millones de kilómetros de distancia. Puede que esas rivalidades estén ya algo forzadas, pero siguen encajando para complementar bien el planteamiento principal.

Por todo esto, la tercera temporada de 'For All Mankind' pinta estupenda habiendo visto sólo sus dos primeros episodios. Para los amantes de la ciencia-ficción, esta y las futuras temporadas van a ir aún a mejor con un mundo que cada vez se va a distanciar más y más del nuestro.

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