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Dos años con el Apple Watch
Apple Watch

Dos años con el Apple Watch

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El día que iba a recibir el Apple Watch no se me olvidará nunca. Vivía en aquel entonces en Whistler, una estación de esquí a dos horas de Vancouver, Canadá, el entorno perfecto para estrenar un producto como este. Recibí la notificación de envío y confirmación de entrega para el viernes 24 de abril de 2015 con cierta incredulidad, ya que Apple me había indicado que llegaría mucho más tarde.

Justo en ese momento me había cambiado de casa, algo que no estaba previsto, por lo que tuve decidí ir a la antigua dirección a recogerlo. Vi un camión de UPS por el centro del pueblo, así que me acerqué a preguntar al conductor que aceptó entregarme el paquete previa identificación. Fue así como pudimos hablaros del unboxing del Apple Watch de acero en Applesfera, previo a nuestro análisis en julio

Deporte y comodidad: claves del Apple Watch

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En estos 731 días con él (2016 fue bisiesto), he aprendido a valorar mucho mi Apple Watch. Como decía al principio, al vivir en Whistler y estar a un paso de la naturaleza, montañas y bosques uno aprovecha enormemente este dispositivo. Era el entorno perfecto para exprimirlo.

Cada fin de semana acudía de madrugada a un campo de golf a trabajar unas horas. El trayecto lo hacía en bicicleta de montaña, diez kilómetros arriba, diez kilómetros abajo. Así durante toda la primavera y verano. Era bastante duro, sobre todo cuando sonaba el despertador a las 4:00 de la mañana (había que estar muy adelantados en el campo para no entorpecer a los jugadores). Pero afronté esta etapa con mejor cara gracias a que me hacía ilusión activar los entrenamientos en bici.

Desde el principio, el Apple Watch se volvió imprescindible por su capacidad para monitorizar el deporte

Una vez de vuelta en Madrid, el componente deporte perdió su importancia. Hacer ejercicio en la capital es más complicado cuando apenas hay espacios para ello. Es entonces cuando comencé a apreciar más algo que ya había advertido antes: la comodidad de tener notificaciones y Siri en mi muñeca.

Siendo claro, hay pocas cosas que hace el Apple Watch que no pueda hacer con mi iPhone. Puedo ver la hora, utilizar Siri, ver y responder mensajes desde el iPhone. Pero hacerlo desde el reloj tiene un componente de comodidad que es difícil de cuantificar. Lo encuentro similar al microondas, el mando de la tele o el cierre centralizado del coche. Todos ellos son prescindibles pero cuando te acostumbras a ellos, no puedes dejar de utilizarlos.

Dos años de registros en mi bolsillo

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Para mí, lo más importante de estos dos años transcurridos es que cuento con un registro con mis constantes vitales en mi bolsillo. El Apple Watch ha estado conmigo durante todo el día todos los días, salvo momentos puntuales de apenas unos días. Huecos que manchan la reputación de un calendario que de otra forma estaría perfectamente completo.

Con esta información en la mano, puedo retroceder en el tiempo y ver cuántos pasos y kilómetros anduve ese día de agosto en que visité San Francisco. 30.000 pasos y 24,3 kilómetros el domingo 8 de agosto de 2015. O lo poco que un editor de Applesfera se mueve durante un día de keynote de Apple: 7.500 pasos y casi 5,8 kilómetros. De no ser por tener que sacar al perro, apenas me habría puesto de pie y andado durante el día.

Salud
La cantidad de datos históricos recogidos por el reloj de Apple son de un valor enorme

Pero más allá de estos datos que muchos podrían considerar anécdotas, están mis constantes vitales y mi actividad física. Gracias a mi Apple Watch, tengo dos años de información acerca de mi ritmo cardíaco. Afortunadamente, no padezco ningún tipo de enfermedad coronaria, pero es algo que me resulta tremendamente atractivo de cara al futuro.

Dentro de veinte o treinta años, ese registro tendrá un valor incalculable para mi salud. Y en ese tiempo, espero que Apple haya sido capaz de aprovechar mucho más a fondo estos datos. Cruzarlos entre sí. Detectar patrones y prevenir enfermedades. Todo gracias a un dispositivo que llevo siempre conmigo y que no me cuesta ponerme cada día.

Qué espero del futuro Apple Watch

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Es evidente que el Apple Watch original no es perfecto. La velocidad sigue siendo uno de sus problemas, a pesar de que watchOS 3 la aumentó de forma considerable. La segunda generación del reloj de Apple es bastante más rápida y espero que la próxima lo sea aún más.

Echo en falta contar con algún tipo de radio celular que me permita dejar mi iPhone con mayor frecuencia sin sentirme desconectado. Un Apple Watch con conectividad lo convertiría en un dispositivo totalmente independiente. Abierto a nuevas posibilidades de comunicación y medición de datos de salud. Sin olvidar la integración con los AirPods.

Por el lado del software, me gustaría contar con una tienda de esferas de una vez por todas. Las complicaciones que los desarrolladores de algunas apps han lanzado demuestran que aquí hay mucho potencial. Elegir una esfera diferente de las oficiales le daría un soplo de aire fresco a las que vienen de serie, ya muy vistas.

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Y por último, mejorar la visibilidad de los datos médicos recogidos. Incorporar un buscador para fechas y actividades concretas. Poder cruzar datos entre sí y que sean capaces de predecir y prevenir enfermedades. Hacer recomendaciones de actividades pensadas para cada persona.

De momento, sigo estando bastante contento con mi Apple Watch original. En septiembre es muy probable que volvamos a ver una nueva generación. Salvo que incorpore conectividad, dudo que pueda llamarme la atención renovarlo este año. Aún tiene mucho trote.

En Applesfera | Knock, desbloquea tu Mac usando el iPhone o tu Apple Watch.

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